No tenía el control, no podía calmarse por más que lo intentara.
A su lado una mano la toma por los hombros para recargarla sobre el pecho del contrario, dónde más lágrimas calientes y dolorosas bajan con rapidez manchando esa chaqueta de cuero, no puede evitarlo. Ni tampoco retrasarlo, estaba completamente devastada.
Más lágrimas, no acaban, colorean las mejillas de la castaña, mientras siente una mano posarse en su espalda tratando de darle consuelo, y ella por inercia también trató de hacerlo para aminorar la desesperación.
Pasó sus manos por sus hombros, y se abrazó a sí misma con fuerza esperando quitar esa fría sensación, de unir las piezas rotas, de sentir por lo menos algo de esa calidez ahora cada vez lejana.
Todo lo que la simple mención de ese pequeño que despertó la curiosidad por el sujeto, que con buenas intenciones deseaba saber el paradero de ese niño que por mucho tiempo ella partió de ahí para buscarlo.
¿Dónde está Aj? ¿Lograste hallarlo?
Y fue como hurgar en la herida, que aunque no fue con afán de lastimarla, se sintió como si le hubieran desgarrado desde adentro. Desangrándose con lágrimas, con lamentos que no podía parar, e iban en aumento.
Sentía el nudo en su garganta asfixiarla, si no estuviera sentada en la camilla sus piernas ya la hubieran traicionado perdiendo fuerza, se sentía desfallecer, y qué más daba, ella realmente hubiera dado su vida de haber sabido que las cosas iban a terminar tan mal, de no haber sido una egoísta y haber cometido semejante error.
No fue tu culpa
Le repetía Javi, preocupado, esas palabras hacían eco en su cabeza, la desconsolando aún más, el pesar en su pecho aumentaba, no se iba, sólo se afianzaba contra su pecho.
El más alto se levantó de la camilla para pararse frente a ella, ya que sus lloriqueos comenzaban a dificultar la tarea de respirar correctamente, con un gran pesar en su corazón le puso las manos en sus delgados hombros, tratando de hacer que lo mirara.
— Clem, por favor, cálmate.— le dijo con toda la calma del mundo, nunca pensó en verla de nuevo, mucho menos de esta manera a la inquebrantable, fuerte y audaz Clementine (que algún día le salvó su vida) tan rota como aquella tarde, porque esa era la palabra que mejor le definía, así de rota.
— No puedo...— murmuró entre gimoteos, mientras ocultaba su rostro en sus palmas.
— Sí, sí puedes.— dijo con firmeza, tratando de hacerla reaccionar y salir de ese estado, reflejando genuina preocupación por la chica, estuvo tentado en sacar a relucir el hecho de su estado, que debía de calmarse o podría ser algo perjudicante para ella, pero no tuvo el valor de hacerlo, no era el momento. Clementine percibió la intención del adulto, sin palabras lo entendió y lentamente ella trató de calmarse con mucho esfuerzo.
Respiró profundamente, pero los temblores que invadían su cuerpo no se iban, su pecho seguía vibrando, al igual que sus mejillas seguían húmedas. Sus ojos ardían con intensidad, el picor en su garganta aumentaba y el débil latido de su herido corazón timbraba contra sus oídos. No estaba bien, pero por el momento podría creer que si.
Javi sonrió en cuanto el llanto disminuyó, y con todo su ser le daba caricias en el brazo para darle tranquilidad, todo bajo la mirada de Steve que miraba con lástima esa desgarradora escena que se desarrollaba en medio de la clínica para adultos mayores, sentía cierta pena por aquella joven. Así pasaron varios minutos en dónde el lugar quedó en silencio siendo irrumpido únicamente por sus sollozos silenciosos.
Sus pacientes salieron a su descanso después de que ella rompió en llanto, los adultos de la tercera edad se asustaron al ver la desesperación con la que lloraba, supusieron que aquella chica había sufrido alguna pérdida, siempre había pérdidas de cualquier tipo, pero aún así se quedaron observando con preocupación cuándo sería el momento para que se calmara. Steve con autoridad les ordenó que volvieran a sus camillas, ya que tener ojos fisgones viendo la escena era lo último que la chica necesitaba.
