30. Amor capital

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N/A.: Me da vergüenza tener que hacer esta anotación, pero bueno. La historia está etiquetada como contenido adulto precisamente por este capítulo. Advertidas quedan mis señorías.♡


Sylvain sintió que aquel nombre comenzó a revolotear en su cabeza.

—Se llama igual que mi padre —sonrió Sylvain, nostálgico—. Pero él murió hace ya mucho tiempo.

Darrell frunció el ceño al oírle. No quiso interrumpirles.

—Lamento oír eso —murmuró Evelyn, algo retenida—. Este Jean del que os hablo era aún joven. Tendría unos seis o siete años más que vos.

Algo se removió con fuerza dentro de Sylvain. Se sintió inquieto de pronto, pero enseguida deshechó lo que acababa de pensar. Simplemente era una tonta casualidad.

—Igual... que mi hermano —musitó con inseguridad, tensándose en su asiento.

El rostro de Evelyn perdió su habitual color al oírle. Darrell, confuso, los contempló a ambos de hito en hito.

—Pero vuestro hermano también falleció —dijo el mayor de los Maystone con cuidado.

—Sí, lo hizo. Hace muchos años.

—Bueno... Jean solía hablarme de un hermano pequeño que tenía en París —continuó Evelyn, provocando que Sylvain se irguiese en su asiento—. Oh, no. No me miréis así que me estáis asustando, mi señor.

—¿Cómo se llamaba su hermano?

—Nunca me lo dijo. Simplemente sé que vivía con su madre, porque su padre falleció.

—Su aspecto, decidme cómo era físicamente, os lo ruego.

—Pero Sylvain, vuestro hermano se llamaba Charles, no Jean —intervino Darrell, alarmado.

—Mi hermano se llamaba Charles-Jean Lemierre —respondió, comenzando a ponerse nervioso por momentos—. Jean era el primer nombre de mi padre.

—¿No creeréis que...?

—Por favor, ¿cómo era su aspecto? ¿Qué más os contó de su familia?

Evelyn descansaba las manos sobre su vientre, visiblemente afectada por el rumbo de aquella conversación.

—Él... Él era muy alto, más que vos. Su cabello era corto y castaño, y sus ojos eran tan azules como los vuestros. La forma de los mismos también —titubeó, aterrada—. Su nariz era un poco aguileña, en cambio.

Sylvain sintió que se le empañaban los ojos.

—Mi hermano heredó la nariz aguileña de mi padre, y su cabello —susurró, señalándose la comisura de los labios con un dedo tembloroso—. ¿Tenía un lunar aquí?

Evelyn asintió con lentitud, provocando que Sylvain se pusiese en pie de un salto. Alarmado por su reacción, Darrell se levantó con cautela, temeroso de que fuese a desfallecer.

—¿Cómo lo conocísteis? —preguntó Sylvain, sintiendo náuseas de pronto.

—Mi señor, me estáis asustando.

—Sylvain, puede ser simple azar. Vuestro hermano falleció —repitió Darrell, aproximándose con lentitud—. Aunque se pareciera a vos y hasta ahora yo mismo desconociera estas causalidades, es imposible que sea él.

—Nos comunicaron que falleció a través de una carta después de que huyera a Prusia. Nunca pudimos recuperar su cuerpo. Nunca vimos su cadáver.

—¿Prusia? —replicó Darrell, deteniéndose en seco— No, tenéis que estar de broma.

—No estoy bromeando —protestó, exasperado—. Nunca bromearía con algo así. ¿Cómo le conocísteis?

Sylvain ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora