Las temperaturas comenzaban a bajar incluso a mediodía, y el sol tendía a ocultarse tras las nubes en aquel frío mes de noviembre. El tiempo no acompañaba en lo que podría haber sido un agradable paseo, por lo que tanto Sylvain como su madre no se alejaron demasiado de los jardines de su casa.
—¿Y bien, cariño? ¿Qué era eso de lo que querías hablar conmigo?
Encontraba casi divertido el hecho de que su madre estuviera nerviosa, y Sylvain se relamió del gusto. Iba siendo hora de devolverle el interrogatorio que una vez lo obligó a responder.
—¿Cómo ha ocurrido todo?
Sylvain cruzó las manos a la espalda, recibiendo por parte de su madre una mirada reprochadora. Se excusó silenciosamente con un altivo encogimiento de hombros.
—Esa es una pregunta demasiado amplia, me temo —suspiró Anne-Marie, jugando con el abanico entre sus manos mientras caminaban—. Pero nunca ha habido un elemento desencadenante. Supongo que te debo una explicación, así que te diré que el nexo de mi relación con Alain siempre has sido tú.
—Pero, ¿en qué momento supísteis que lo amábais? Siempre creí que no le aguantábais lo más mínimo, madre.
Una pequeña risa escapó de los labios de Anne-Marie.
—¿Alguna vez has oído eso de que los polos opuestos se atraen, Sylvain?
—Sí, pero aquí no le veo ningún sentido.
Su madre lo miró con ternura, meneando la cabeza con lentitud. Probablemente estuviese leyendo sus pensamientos en aquel momento, pues de algún modo todavía se negaba a aceptar que su adorada madre compartiera su intimidad con alguien... y se dio cuenta de lo egoísta que estaba siendo al pensarlo.
—Poco después de que tu padre falleciera, le siguió la esposa de Alain. Aquellos fueron los tiempos más oscuros que recuerdo haber vivido, pues no sabía cómo iba a salir adelante con Charles y contigo apenas siendo un bebé. La amistad que compartía con Alain se estrechó tras aquellos desafortunados eventos, con la premisa de ayudarnos mutuamente en lo que quiera que fuese la vida entonces —Anne-Marie abría y cerraba su abanico con la mirada perdida—. ¿Cuándo supe que lo amaba? No sabría responderte. Cuando llegues a mi edad te darás cuenta de que los amores de la juventud mucho distan de los de la madurez. Aquí no hay prisas ni necesidad de confesar nada. Todo es más lento, paulatino. Simplemente se sabe, se acepta y se es feliz con ello.
Sylvain asintió. No sabía qué esperaba oír exactamente, pero supo por la forma de expresarse que no le mentía. Cuando la miró vio que sus ojos brillaban quizás de dicha, quizás de emoción.
—Si os soy sincero, siempre he esperado el momento en el que echárais a Savary a patadas de la casa. Os he visto discutir la mayor parte del tiempo y... bueno. Vos os exasperáis con facilidad.
—Más de una vez he querido hacerlo, créeme, pero una acaba comprendiendo que hay que conformarse con ciertas cosas —Anne-Marie volvió a suspirar—. Alain es una persona maravillosa, a pesar de su incontinencia verbal y lo que pueda opinar contrariamente a mí, Sylvain. Sin él... probablemente no habría sido capaz de criarte ni de recuperarme, aunque haya cometido graves errores —esbozó una cálida sonrisa—. El amor que siempre te ha profesado ha sido mi principal motivo para amarle. Él es ese pilar esencial en mi vida.
Conmovido al oírla hablar de aquel modo sobre su mentor, Sylvain no pudo evitar contagiarse de su sonrisa. No obstante, fue testigo de cómo una repentina tos parecía adueñarse de la voz de su madre. Ésta se cubrió rápidamente la boca con un pañuelo y, tras verlo, lo dobló con la misma velocidad. Le dedicó otra sonrisa a su hijo, restándole importancia.
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Sylvain ©
Historical Fiction#1 en novela histórica - 29/12/16 De la mano de los ilustrados y de las ideologías liberales, Sylvain-Dennis Lemierre se ve acorralado por la mentalidad aristocrática de su ambiente en la Francia del siglo XVIII, pese a haber nacido en el seno de la...
