Nadie había logrado conciliar el sueño aquel día, y el letargo que los minutos traían consigo no ayudaban en absoluto a que se animaran, a la espera de que llegara la hora del entierro.
Ocultando el rostro entre sus manos, Charles se encogía sobre sí mismo, sentado en un banco de piedra del verdoso exterior. Ni siquiera el frío les había impedido salir a tomar algo de aire fresco, pues el ambiente en la casa estaba tan cargado que amenazaba con asfixiarles. A su lado, Sylvain yacía en una postura similar, aunque más resignada. Contemplaba el cielo con ojos somnolientos, preguntándose si su madre se habría encontrado ya con su padre allí arriba. Savary permanecía silencioso, de riguroso luto al igual que los dos jóvenes, algo más alejado.
—Si tan sólo lo hubiera sabido antes... Si Ludovic se hubiera dignado a responder mis cartas... No, ¡si tan sólo no me hubiera marchado nunca! —exclamaba un exasperado Charles, tirándose de los cabellos— Mi madre... Mi añorada madre, ¿cómo sé que me ha perdonado después de ni siquiera poder verla por última vez?
—Mamá te perdonó hace mucho tiempo —dijo Sylvain, colocando una mano en su espalda en pos de calmarlo. Aún no sabía muy bien cómo comportarse con su hermano—. No creo que nunca te guardase rencor.
—Ojalá te oiga, Syl. Ojalá lo haga...
Un silencioso sollozo provocó que los hombros de Charles se convulsionaran en señal de derrotado llanto, y su hermano hizo todo lo posible por consolarlo. Demasiado cansado como para llorar, Sylvain apenas era capaz de centrarse en el dolor que todavía mordía su corazón. Savary los contemplaba con gesto grave, frunciendo el ceño en pos de sobreponerse a las descontroladas emociones del mayor.
—Ludovic... Fue por su culpa el que yo no lograse volver antes. Fue él quien envió aquellas endiabladas pruebas falsas, y sigue creyendo que no lo sé. ¿Dónde demonios se ha metido? ¿Por qué no aparece?
Tanto Sylvain como Savary se miraron, atónitos. ¿Habían oído bien?
—Espera, ¿dices que Ludovic envió pruebas falsas en tu ajusticiamiento? —inquirió Savary, repentinamente abrumado.
—Lo hizo. Todavía tengo los documentos —rumió Charles, mirando a su viejo mentor. Su rostro ardía, enrojecido, de la rabia—. Se hizo pasar por un testigo en sus escritos y tomó prestados los nombres de mis compañeros, alegando que los conocía. Por supuesto ninguno de ellos lo desmintió, y a punto estuve de que me mandaran a la horca. No fue hasta que pude ver su carta y reconocer su caligrafía cuando el juez declaró la nulidad de las pruebas, pero ese hijo de perra... No voy a descansar en paz hasta que lo encuentre y lo haga pagar por lo que me hizo, porque lo hará.
—Charles, cálmate. La violencia no es el medio —se apresuró a decir Savary—. Conociendo a Ludovic probablemente se haya escondido en el Barril de Casiraghi, pero nadie va a hacer nada hasta que vuelva, ¿queda claro?
—Alain, él es un cobarde. No se atreverá a volver mientras yo esté aquí. Sabe que no dudaré en delatarle si lo hace, porque ha hecho todo lo posible por borrarme del mapa desde que quise volver.
—Has de esperar, muchacho. Tu madre no querría que se sucediese una trifulca familiar en un día como este.
—¿Por qué quiso el tío borrarte del mapa?
La pregunta de Sylvain provocó que ambos se giraran para mirarle. Ajenos a lo que pudiera estar pensando, los dos tardaron un poco en contestar. Por su parte, Sylvain escrutó a su hermano con la mirada, sediento de respuestas ante las numerosas teorías que había comenzado a forjar en su mente.
—Ludovic no quería que me hiciese con la herencia de papá. Renuncié a ella cuando me marché, pero cuando le pedí ayuda para regresar, temió que volviera a reclamarla y la avaricia lo cegó. Su plan habría funcionado si, después de que me colgaran, hubiera ido a por ti, porque fue tan necio como pare decírmelo creyendo que no me saldría con la mía y que viviría para contarlo —dijo Charles con frialdad, dejando escapar un suspiro—. Por eso vine tan rápido en cuanto pude hacerlo. No podía permitirme que algo así llegara a ocurrir.
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Sylvain ©
Исторические романы#1 en novela histórica - 29/12/16 De la mano de los ilustrados y de las ideologías liberales, Sylvain-Dennis Lemierre se ve acorralado por la mentalidad aristocrática de su ambiente en la Francia del siglo XVIII, pese a haber nacido en el seno de la...
