Capitulo 23

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Shawn miró con horror, cuando el coche golpeo a Andrea y la tiró volando sobre el asfalto. Mientras corría hacía ella, volvió a gritar su nombre. Peter  y Raul se encontraban arrodillados junto a Andrea, cuando se introdujo a empujones. Su aliento se quebró cuando vio sus preciosos ojos de par en par, mirándole fijamente.

Su cara se contorsionó en agonía e intentó levantarse.

—¡No! —gritó él—No —dijo en voz más baja, cuando se dio cuenta que su tono la sobresaltó—. Quédate quieta, cariño. Oh, Díos mío ¿te encuentras bien?

Sacó de un tirón el móvil de su bolsillo y marcó 911.

—No, Shawn, no lo hagas —protestó ella, levantando la mano—Estoy bien, de verdad. Es sólo mi cadera. El coche me lastimó en la mayor parte.

En la mayor parte. Jesús. ¿Estaba intentando provocarle un ataque al corazón?

—¿Qué demonios estaba haciendo ese idiota? —exigió Peter, su voz temblaba mientras acariciaba el pelo de Andrea.

Shawn le dirigió a Peter una mirada para hacerle callar. El haberla golpeado y luego darse a la fuga, no fue un accidente, y no quería que Andrea sintiera más miedo de lo que ya sentía.

—Andrea, necesitamos llamar a una ambulancia —dijo Raul suavemente— Podrías estar herida.

Para entonces, una pequeño multitud se había congregado a lo largo de la calle. Shawn escuchó el sonido de la sirena.

—No quiero ir al hospital —dijo Andrea, sus ojos suplicaban a los castaños—. Deja que me levante. Sólo estoy un poco maltrecha.

Titubeo durante un momento, su preocupación por ella prevalecía por encima de todo. Ella se acercó a la mano de Peter, intentando levantarse.

—Despacio, cariño —le previno.
Shawn se agachó y la alzó cómodamente entre sus brazos.

—¿Puedes mantenerte de pie? —peguntó él, todavía reacio de soltarla.

—Estoy bien, de verdad. Sólo un poco conmocionada.

Con mucho cuidado, la puso de pie sobre el suelo. Las manos de Raul se dispararon hacia adelante para estabilizarla, ya que se tambaleaba un poco. Ella se frotó la cadera, sus dedos sujetaban la tela desagarrada que recorría su pierna.

—Eran mis vaqueros preferidos —dijo ella con pesar.

Incapaz de aguantarlo más, Shawn la apretó contra él, sus brazos la abrazaron fuertemente. Inspiró varias veces para estabilizar su respiración, intentando apaciguar la adrenalina que zumbaba por sus venas.

Algún estúpido acaba de intentar matarla. Apostaría su entero rancho que fue su estupido padrastro. Miró hacía sus hermanos y vio una respuesta de ira en sus ojos. Puso un dedo sobre sus labios y ellos asintieron, entendiéndolo.

Unos segundos más tarde, llegó un coche de policía, seguido rápidamente por una ambulancia. La muchedumbre se arremolinó alrededor, mientras que los paramédicos examinaban a Andrea y los policías tomaron declaración a todo el mundo.

Los Trillizos MendesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora