Andrea llegó al final de la acera sinuosa, mirando fijamente la cabaña. El verano llegó a las montañas. En todos los sitios que miraba, la tierra estaba llena de verde. Solo había visto este paisaje cuando estaba cubierto de blanco y pensó que no podía ser más bonito. Estaba equivocada. Posiblemente, no podía ser más maravillosa que ahora, cuando volvía a casa.
Aparcó abajo, en el camino, exactamente en donde lo hizo antes. De alguna manera quería reproducir el día que tuvo hace muchos meses.
Sonrió cuando la brisa movió su largo pelo y lo sopló suavemente alrededor de sus hombros. Deslizó la mano sobre la protuberancia de su abdomen, acariciándola con gentileza.
Con un suspiro, empezó a ascender por la colina hasta llegar a la puerta.
Tenía mariposas bailando en su estómago. En respuesta, el bebé pateaba y se movía. Ella se paró y puso de nuevo una mano sobre el estómago hasta que la sensación se paró.
Sonrió y continuó adelante. Cuando alcanzó el porche, meditó. La puerta estaba a pocos centímetros, y aun así, no llamó. ¿Debía entrar simplemente? No. Ha pasado mucho tiempo.
¿La aceptarían de vuelta? ¿Aún la amarían? La incertidumbre le destruía su confianza. Peter estuvo tan cabreado la última vez lo vio. Cerró los ojos para borrar la mirada de traición que había visto en su expresión.
Lágrimas llenaron sus ojos. Les echaba terriblemente de menos. Pasó tantas noches despierta, anhelando su toque. Miró hacía abajo y se quitó las lágrimas. Ya pasó todo. Estaba finalmente libre para vivir la vida que anhelaba.
Era su elección si la iba a rechazar o aceptar.
Lentamente, levantó la mano y llamó a la puerta. Esperó un momento reuniendo su coraje y llamó más fuerte.
El corazón osciló cuando oyó firmes pasos del otro lado. La puerta se abrió y Shawn permaneció en la entrada, con una expresión aturdida en el rostro.
—¿Andrea?
Lo miró fijamente, rezando que no le diera espalda y cerrar la puerta.
Antes de poder decir cualquier cosa, se halló envuelto en sus brazos. La empezó a girar, enterrando su rostro en el tórax.
El bebé se movió y pateó entre ellos y él se congeló. Lentamente la puso de pie y se alejó. Alcanzó la hinchada barriga con una mano trémula.
— ¿Esto es...? ¿Esto es...? —se paró bruscamente, con voz ronca llena de emoción.
Cubrió su mano con la suya, sujetándola contra su estómago.
—Sí —susurró ella.
Él la miró fijamente, en un silencio confuso. Entonces la abrazó de nuevo. Enterró el rostro en su pelo y la levantó. Después, llevó la mano entre ellos para volver a tocar su abdomen como si no lo pudiese creer, a pesar de la evidencia.
—Nuestro bebé —susurró él.
La arrastró hacia el sofá y se sentó. Agarró sus manos y la pujó hasta que estuvo sentada en su regazo. Entonces, puso las ambas manos en su estómago, con los ojos llenos de alegría.
La volvió a mirar, las manos le acarició el brazo que tuvo roto, y la herida de cuchillo que tuvo en el tórax.
— ¿Estás bien?
—Estoy bien. Ahora que estoy aquí —agregó.
Él se movió y enmarcó su rostro con sus grandes manos y la acercó hasta besarla.
—Te he echado tanto de menos —dijo emocionado.
Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas.
—Yo también te he echado de menos.
Un ruido del otro lado de la habitación, la hizo volver la cabeza en aquella dirección.
Se puso tensa cuando vio a Peter y Raul de pie en la entrada.
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Los Trillizos Mendes
Fanfiction-Es una completa locura.-Dije al borde de desmayarme. -Es nuestra locura.-Dijo Peter. -Serás de nosotros.-Shawn sonrió. -Para siempre.-Raúl Me abrazo.
