NARRA LUIS CEPEDA FERNÁNDEZ
(Domingo 21 de abril de 2030)
Aitana llevaba por lo menos cuatro horas andando de un lado a otro del salón con el móvil pegado a la oreja sin recibir respuesta. Luis se había marchado a las 10:37 a.m y eran las 21:42 p.m. No respondía llamadas, no contestaba mensajes, pero nos habíamos quedado un poco más tranquilos al ver que había subido una historia a Instagram en casa de, según Aitana, una amiga.
-Aitana, ya, siéntate. Está bien, ya volverá.- Se pasó la mano por el lado derecho de su cara por millonésima vez aquella tarde y volvió a marcar su número.
Me levanté del sillón desesperado y le agarré la mano con la que sujetaba el móvil.
-Ya está Aitana.- Arrugó el ceño y se soltó de mi agarre.
-Todo esto es por tu culpa.- Ahora fuí yo quien apretó la mandíbula. -¿Pri-primero me dejas embarazada y luego vuelves y te acuestas conmigo?-
-Fue una decisión de ambos Aitana, no vamos a buscar culpables.- Miró al suelo y se mordió la lengua. Su expresión enfadada se transformó en un puchero y se aferró a mi fuerte.
-No quiero que le pase nada Luis.- Sollozó comenzando a empapar mi básica.
Estaba desestabilizada emocionalmente, y joder, la entendía, llevaba dos días con los sentimientos a flor de piel. Todo era muy raro, desde que había llegado no había hecho más que causar problemas y eso me aterraba. ¿Y si estaban mejor sin mi? ¿Y si es verdad que Aitana hizo bien en no contarme que teníamos un hijo?
-Luis lo siento.- Susurró cómo si me hubiera leído el pensamiento aferrándose más a mi. -Debí habértelo dicho. Nu-nunca dudé de que lo cuidarías y lo mimarías como el que más, nunca. Pe-pero me pudo el orgullo y.- Se quedó callada y comenzó a temblar. -Na-nada.- La mire y le sequé las lágrimas encajando una ceja.
-¿Y qué?- Quise saber acariciándole la mejilla.
-Él tampoco me dió opción a usar el billete a Washington que había comprado.- Susurró mirándome a los ojos.
¿Él? ¿Quién era él? Quise preguntar pero unas llaves entraron en la cerradura llamando nuestra atención.
Apareció Luis detrás de la puerta de la entrada y nos miró a ambos.
-¿Se lo dirás a tu marido, no?- Soltó mi hijo sin ningún tapujo.
De un momento a otro note que se me cortaba la respiración. ¿Su marido? Aitana estaba... ¡¿CASADA?! Y eso no era lo peor, ¡SE HABÍA ACOSTADO CONMIGO!
La mire atónito y ella no sabía dónde meterse. Me miró con el labio tembloroso y negó.
-¿A tú marido? ¡¿A tú marido Aitana?! ¡¿Pe-pero quién coño te has creído que soy?! ¡¿Tu marioneta?!- Apreté la mandíbula y me puse la cazadora. -No me dices que tengo un hijo, y bueno, eso te lo paso, costosamente puedo llegar a entender que eras joven y tenías miedo, ¡¿pero esto?! ¡Esto se lleva a la palma Aitana! ¡¿Te acuestas conmigo, me dices que me quieres y luego me entero por mi hijo que tienes marido?! No, lo siento pero no. Seré muchas cosas, pero ni de lejos un gilipollas.- Tragó saliva y se le cristalizaron los ojos. -Espero que te busques un buen abogado, quiero custodia compartida.- Cogí mi móvil y me fui.
Me subí a mi coche y después de darle varios golpes al volante apoyé mi frente en él. Cerré los ojos con fuerza y de repente miles de recuerdos inundaron mi mente. Su tacto, sus ojos, sus labios, su sonrisa, sus abrazos, su risa, sus caricias. Galicia.
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Está Permitido || Aiteda
FanfictionTrece años. Trece años anclada en el pasado. Trece años pensado en que hubiera pasado si no me hubiera alejado de ti, si no hubiéramos tenido aquella discusión, si no hubieras cogido ese puto avión en aquel aeropuerto de Madrid a las 8:25 p.m. desti...
