NARRA AITANA OCAÑA MORALES
(Lunes 15 de Julio de 2030)
Abrí los ojos despacio y noté presión sobre mi costado. Acaricié su mano que reposaba sobre mi estómago y cerré los ojos intentando recordar en qué momento de la noche habían vuelto a casa.
Me dejó un beso en la parte de atrás de mi hombro y ahora fue él quien acarició el dorso de mi mano.
-¿Cómo has dormido?- Susurró contra mi cuello provocándome un escalofrío.
-Bien.- Contesté fría sentandome en el borde de la cama rehuyendo de su tacto.
No era él, por supuesto que no era él, pero en ese momento cualquier contacto físico con un hombre hacía que mi bilis trepara por mi garganta queriendo salir en forma de vómito. Y odiaba esa sensación, la odiaba, odiaba el hecho de mirarme al espejo completamente desnuda, ver la quemadura de mi clavícula y darme asco, como persona y sobretodo como mujer. Porque sentía que me había fallado, que había vuelto a hacerme pequeña delante de él y que me había dejado machacar. ¿Por qué me tenía que sentir así? ¿Por qué yo? Aitana Ocaña Morales, la que había luchado sin descanso para poder sobrevivir, sola en un rincón vacío, encarandose al mundo aunque muchas veces el mundo le viniese grande. ¿Por qué ella si era una mujer que había luchado por conseguir su felicidad? Es curioso ver el tiempo que tarda una persona en reconstruirse y la escasa milésima de segundo que la rompe por completo. Es curioso ver como este maldito mundo, tan extraño como absurdo, tan cruel como taciturno, anda del revés. Tal vez Pandora no debió abrir la caja que tantos pesambres nos trajo a la raza humana, pero si no lo hubiera hecho tampoco tendríamos la esperanza que era lo único que me quedaba en ese momento. Esperanza de poder emprender el vuelo sin que me pegaran un tiro con una escopeta de caza a medio camino.
-¿Pasa algo?- Negué dándole la espalda y me dirigí descalza hacia la cocina.
Me preparé el desayuno y poco tardaron en aparecer Luis y mi hijo. El más pequeño de nosotros se sentó en un taburete de la cocina mientras Luis preparaba el desayuno de ambos.
-¿Hoy trabajas?- Me preguntó Cepeda agarrando mi cadera y dejando un beso en mi mejilla haciendo que me separara bruscamente.
-No-no me toques.- Dije con miedo a escasos metros de él mirándolo a los ojos.
Ambos compartieron miradas y cuando avanzó un paso intentando alcanzarme, yo retrocedí otro.
-Aitana... ¿Qué pasa cariño?- Volvió a dar un paso hacia delante y yo repetí el gesto hacia atrás.
-No te acerques.- Susurré al borde del llanto por la impotencia de tenerle miedo al hombre que más me había cuidado en los últimos meses.
-Mamá, ¿estás bien?- Mire a mi hijo y negué tapándome la cara con las dos manos y dejándome caer al suelo de rodillas para poco después romper en llanto. Sentí el calor de los brazos de ambos y lo solté todo.
NARRA LUIS CEPEDA FERNÁNDEZ
Ella miraba sus pies sentada en una silla en frente nuestra. Luis movía su pierna izquierda con nerviosismo en el sofá a mi lado. Yo simplemente respiraba. Respiraba, analizaba y mantenía la calma.
-¿Estás segura de que no pasó nada cuando nos fuimos?- Ella volvió a negar con la cabeza agachada. -Aitana, ¿por qué te callas? ¿Por qué te haces pequeña delante mía y te da pánico contarme las cosas a mí? Sabes que odio las verdades a medias al igual que sabes que voy a estar aquí siempre, contigo, en lo bueno, en lo malo y en lo peor.- Levantó la cabeza para mirarme con los ojos cristalizados y pude notar sus ojeras marcadas por las horas de sueño acumuladas.
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Está Permitido || Aiteda
Hayran KurguTrece años. Trece años anclada en el pasado. Trece años pensado en que hubiera pasado si no me hubiera alejado de ti, si no hubiéramos tenido aquella discusión, si no hubieras cogido ese puto avión en aquel aeropuerto de Madrid a las 8:25 p.m. desti...
