11. El Olvido

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NARRA LUIS CEPEDA OCAÑA

(Martes 23 de abril de 2030)

Mamá quiso mantenerse al margen de las cámaras, la prensa, los cotilleos y todo lo que englobara a mi padre. Entendí y respeté su posición no saliendo a cantar al escenario. Si, es verdad que me habría hecho una ilusión enorme, pero mamá tenía razón, era muy arriesgado y muy pronto para dar ese paso. Queríamos esperar a que las aguas se calmaran respecto a todo lo que estaba pasando con Lucas, con Cepeda y por supuesto conmigo.

Respecto al concierto, todo fue como la seda. Todavía no entendía como mi padre podía cantar tan limpio, ni una sola nota mal entonada, ni un acorde mal tocado con la guitarra, ninguna falta de aire en estrofas larguísimas, ningún gallo, nada, absolutamente nada, parecía que habían reproducido el disco en directo y estuviera haciendo playback, eso sí, las letras eran su debilidad, no había en ninguna canción que no se hubiera inventado parte de la letra, algo que yo también solía hacer bastante.

-Lo siento chicos, pero tenemos que volver a casa, el peque tiene que descansar.- Dijo mi padre mirando a su banda.

-Cepeda, ni que el peque no haya salido de fiesta hasta las cuatro de la mañana.- Me atreví a decir entre risas.

-Anda calla y vámonos a casa que es tarde, tormento.- Se despidió de todo el equipo y de mi tía Ana, que a partir de ahora la llamaría así, y nos subimos al coche. -¿Te ha llamado?- Mi madre asintió e hizo una mueca.

-Tengo dieciséis llamadas y más de treinta mensajes.- Mi padre le acarició la mejilla para darle apoyo.

-Estate tranquila, no me voy a separar de vosotros, ¿vale?- Ella asintió de nuevo y cerró los ojos mientras Cepeda le daba un suave beso en la frente.

-¿Estáis juntos?- Ambos me miraron sin saber muy bien que decir. -Quiero decir, ¿te has divorciado? ¿te vas a divorciar? ¿me vas a decir que pasa o voy a tener que empezar a crear pensamientos homicidas contra Lucas sin saber la verdad?- Mi madre me paró antes de que pudiera continuar con mis preguntas.

-Luís, tiempo al tiempo, ya te lo contaré cuando lo vea conveniente, tu estate tranquilo, ¿vale?- Negué.

-No mamá, ¿por qué se lo cuentas a papá y a mi no?-

Papá, nunca me había referido a él por ese nombre. Papá. Me sonaba tan raro y a la vez tan bonito.

-Porque papá es una persona adulta que sabe gestionar mejor sus emociones y no crea pensamientos homicidas contra nadie.- Rio leve. -Luis, te juro que te lo contaré cuando me vea capacitada.- Asentí y me sonrió de medio lado.

El trayecto a casa se me hizo corto entre anécdotas, el disco de Zapatillas de El Canto Del Loco y alguna que otra indirecta con entonación de reproche de mi madre para mi padre. Era obvio que se llevaban bien, pero el rencor estaba ahí, hay cosas que ni el amor ni el tiempo curan, hay cosas que si no se hablan y se solucionan no se entierran por si solas en la sepultura del olvido.

No sabía si eran pareja, amigos o simplemente mis padres y tampoco parecía que ellos lo supieran, por lo que no iba a meterles presión.

-Buenas noches cariño.- Mi madre me dio un beso en la cabeza y entró con mi padre a su habitación.

Había insistido en que yo durmiera con mamá en la cama de matrimonio, pero le dije que estaría bien en el sofá, que durmiera él con ella, porque desde luego ganas no le faltaban. Eso sí, les advertí diciendo "nada de folleteos que está el crío en la pared de al lado" a lo que mi madre había contestado con una colleja.

Está Permitido || AitedaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora