16. Quién

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NARRA AITANA OCAÑA MORALES

(Sábado 27 de abril de 2030)

Los tenía acojonados en el sofá a ambos y yo no hacía más que bufar, soltar barbaridades y andar de un lado a otro del salón.

-Aitana cariño, les ha chocado nada más, ¿qué querías que hicieran?- Abrí mucho los ojos y me quedé parada en frente de Cepeda.

-¡¿Que qué quería que hicieran?! ¡Pues te levantas y le das un abrazo a tu hija que lleva doce años viviendo con un maltratador! ¡GILIPOLLAS!- Seguí andando de un lado a otro y los dos Luises solo se achantaron más. -¡Es que... Es que no lo entiendo! ¡¿Se levanta y se va?! ¡¿Sin más?! ¡¿EN QUÉ PUTA CABEZA CABE ESO?!- Luis senior se levantó cansado ya de que llevara más de media hora pegando gritos como una descosida y me abrazó.

-Ya está Aitana. Todos los aquí presentes tenemos claro que tus padres nunca te entendieron y que desgraciadamente tienen una mente neardental. Pero tendrás que vivir con ello, al fin y al cabo uno no elige los padres que quiere tener.- Me cogió la cara separándose un poco y me acarició la mejilla. -A unos niños les toca la lotería cuando nacen y otros somos las mierdas que tocan en los "rasca y gana" de la bollería industrial.- Consiguió sacarme una pequeña carcajada y depósito un beso en mi frente. -Pero tu nos tienes a nosotros, ¿lo sabes, no?- Asentí y lo volví a abrazar.

-Lo sé.- Susurré y a los pocos segundos noté los brazos de mi hijo rodeándonos a ambos.

Y así pasamos el medio día. Entre la mejor tortilla de patatas de la historia, risas, bromas y acompañada de los dos hombres de mi vida.

Me daba miedo que esa felicidad que sentía fuera algo efímero. Pasajero. Me daba miedo de que el día que decidiéramos hacerlo público la prensa se nos echara encima y eso acabara con la paz de esa casa. Me daba miedo no querer contarlo y que nos pillaran yendo a tomar algo a cualquier garito de Madrid. Me daba miedo que su fama acabara involucrándonos a Luís y a mi para mal. Me daba miedo que decidiera alejarse de nosotros para no meternos en su mundillo. No quería volver a perderlo. No quería volver a tenerlo lejos de mi. No quería pasar los 24 de junio, los 26 de agosto y los 7 de octubre sumida en el llanto más amargo. No quería tener que llorarlo otra vez. Y aún así, aunque estuviera allí lo sentía lejos. Estaba sin estar. Porque todavía había cosas que aclarar para que nuestras conciencias quedaran tranquilas. Porque yo sí me imaginaba un futuro con Luís. El padre de mi hijo. Y el miedo a que él solo lo viera como algo pasajero me mataba por dentro. Me ardía la sangre y el corazón solo de pensar que el pilar que había logrado reconstruir el edificio en ruinas de mi vida, volviera a desaparecer arrasando con todo a su paso.

-¿Estás bien?- Me preguntó el más mayor de todos acariciando mi brazo mientras Luis se peleaba con las cuerdas de su guitarra que se había empeñado en cambiar él solo.

-Si, no te preocupes.- Mentí. Porque la verdad es que no estaba bien. Las dudas y los miedos me invadían y sentía que acabarían comiéndome por dentro. -Tonterías.-

-No Aiti, tus tonterías nunca son tonterías. Siempre dices eso cuando hay algo que te quita el sueño y ocupa la mayoría de tus pensamientos. Y eso, mi amor, no son tonterías.- Sonreí ante su manera de llamarme y le acaricié la mano que tenía apoyada sobre mi muslo hacía ya más de media hora. -¿Qué pasa? ¿Quieres hablar?- Mi hijo levantó la cabeza para mirarnos.

-Si queréis me voy a mi habitación.- Negué y le sonreí para que viera que todo estaba bien.

-Hablamos luego, ¿vale?- Cepeda asintió poco convencido y al final se decidió a ayudar a Luís aunque éste se negara en rotundo.

Está Permitido || AitedaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora