Capítulo 10

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Capitulo X: Primera parte, Desapariciones

Maggie jaló de las cuerdas que sostenía, haciendo parar a los dos caballos que impulsaban la carreta donde ella y Kal viajaban desde Hilltop.

Jed salió de la franja del bosque, con su hacha en mano, seguido de Laura, D. J, Arat y Regina.

Kal tomó su arma, por las dudas.

—Wow. Tranquilo, kimosabi. —expresó Jed. —Ahora somos todos una gran Kumbayá. —

—¿Por qué no están en el puente? —interrogó Maggie, llenando de tensión el ambiente.

—Buscamos a un amigo que desapareció anoche. —explicó Jed, mientras se acercaba. —¿Saben algo al respecto? —

—No. Estamos llegando. —contestó Maggie, viendo que el Salvador acariciaba uno de los caballos al pasar.

—¿Qué traen atrás? —

—La mitad del trato de la Cumbre por el etanol. El envío que nunca llegó. —recalcó despectiva y reprochante. —

—Si, eso también desapareció. —agregó Regina, molesta.

—Junto con la gente que lo llevaba. —siguió Jed . —¿Saben algo sobre eso? —inquirió.

—Ojalá. Quiero ese combustible. —

—De todos modos... —levantó la lona que cubría la carga, tomando un tomate que había en uno de los cajones. —¿por qué te preocupas? Tú no eres la líder. —le recordó dándole una mordida a la fruta, provocándola.

—¿Cuál es tú nombre? Voy a anotar que te comiste eso. —

—Mi nombre no importa.  Y tú eres la viuda.—señaló a la castaña ojiverde con malicia

—Se llama Jed. —respondió Laura, con parsimonia, tratando de evitar el conflicto. — Anota que comió el tomate. Gracias por traer esto. Cumpliremos con el combustible apenas podamos. —aseguró, para luego mirar a su gente. —Vámonos. Debemos llegar antes del próximo turno. —

Jed asintió con aprobación por la frescura del tomate mientras saboreaba su gusto. Caminó sin decir nada, ante la furiosa mirada de Maggie; Kal guardó su arma.

—No puedo creer que trabajemos con esos imbéciles. —escupió despectiva, viendo el grupo cruzar la carretera hasta adentrarse en el otro lado del bosque.

—Lo estamos intentando. —recordó Kal; Maggie bufó, azotando a los caballos para volver a marchar. —Espera, espera... —expresó preocupado, viendo a un caminante salir de entre los arbustos.

[•••]

Mordió la manzana que Daryl le acercaba a la boca, riendo cuando el agua natural de la fruta cayó resbalando por su mejilla. El cazador la acompañó con una sonrisa mientras besaba el rastro dulce del agua.

—Te ves mejor. —

—No mientas, me veo espléndida. —presumió divertida. El cazador corrió suavemente los mechones de su frente para dejar otro beso en esa zona.

El Puente ||Daryl DixonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora