Capítulo 20

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Capítulo XX: El Gran Richie

Hogar dulce hogar... —

Por el camino habían encontrado una barra metálica que Negan había tomado en reemplazo de la pala.

Y Neferet observó su espalda mientras este caminaba agraciado.

La chaqueta de cuero, la barra descansando sobre su hombro, la actitud despreocupada y la sonrisa triunfante...

La pelinaranja sintió pena por él. Negan intentaba resucitar lo que alguna vez había sido, no obstante, ella sabía que eso no podría ser...

Nunca más.

—Quédate aquí, ¿bien? —le dijo al caballo, mientras acariciaba el puente de su nariz. Lo ató en la entrada, luego de constatar que a su alrededor no hubiese caminantes, y cruzó el umbral de la puerta por la que Negan ya había ingresado.

Su ser se sintió frío cuando las paredes húmedas de la fábrica la rodearon y una molesta picazón se alojó en el puente de su nariz.

—Si te arrodillas, me harías un favor. —comentó Negan, luego de subirse en aquel balcón donde su gente lo veía como un dios, como un salvador.

—Es diferente, ¿verdad? —observó a su alrededor. Charcos grandes de agua inundaban varias partes, los vidrios estaban destrozados y varios muebles en ruinas estaban desperdigados por ahí. —Quisimos que trabajaran por su cuenta, que dejaran de depender del resto. Quisimos destruir a la imágen de salvadores que tú habías creado. Pero algunos simplemente... No pudieron olvidarte. —

Negan se recargó sobre el barandal y echó un suspiro al oírla atentamente.

—¿Qué pasó? —

—Oceanside se cobró las muertes de los hombres de su comunidad que tu gente había matado. Los salvadores desaparecían misteriosamente y aparecían muertos. Los que estaban en el campamento pidieron armas para protegerse, pero Rick no accedió. Se negaron al trabajo y se marcharon. Luego volvieron,  liderados por Jed e intentaron matarnos. Algunos lograron escaparse y nunca más volvieron. —explicó suavemente.

El ex-líder soltó un suspiro con el que retomó su forzada actitud. Palmeó el caño de la baranda y luego bajó las escaleras.

—Recorramos el lugar. — pasó por su lado y su brisa al caminar hizo que ese picor en la nariz de la pelinaranja aumentara a un punto importable.

—¡Achú! —estornudó.—Carajo... —

[•••]

—Creo que ya es todo. Gracias.—  Michonne despidió a Marco luego de que este le ayudara a cargar algunas provisiones en la carreta.

—Le diré a Sidiqq que prepare a Eugene y Rosita. —avisó Aaron al acercarse.

—Está bien.— afirmó sin emoción alguna, pues aún seguía enfadada por su comportamiento.

—Michonne...— Aaron regresó sin poder evitarlo. —Perdón. Sé que lo que haces por nosotros es porque tratas de protegernos. En Alexandría está la gente que quiero y es el hogar que comparto con Gracie, y por eso lo aprecio. Pero no sé que tan correcto es alejarse y encerrarnos. Michonne, amo a Jesús... y pude haberlo perdido anoche. No me pidas que me aleje de él que, junto a Gracie,fueron los dos motivos para que yo dejara de llorar por Eric en las noches. —

Michonne suspiró, se preció de tal como egoísta; sin embargo, sus ideales seguían fuertemente aferrados a ella.

—Tú también perdóname...Por todo.—

El Puente ||Daryl DixonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora