Capítulo 32

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Maratón (5/6)

Capítulo XXXII: Primera parte, La Tormenta

Al final se rompió, y no podemos repararlo...

El crudo invierno había llegado.

Seguí intentándolo. Todos lo intentamos... pero las cosas se vienen abajo.

Llegó el frío. Los fuegos se avivaron.
La Podredumbre se esparció...

Hay que saber cuándo seguir luchando, y saber cuándo se acabó, al menos por ahora...

Y el frío fue tan insoportable que el calor fue estrictamente necesario.

Entonces, al igual que su gente, el Reino no pudo más.

Las cañerias rotas llegaron a pudrir hasta la pared más sólida; la caldera estalló, llevándose gran parte del edificio principal...

Y entonces, aquel Imperio de ensueño, cayó.

Necesitamos ayuda, refugio para lo que se avecina...

Pero nunca olvidaremos la magia que sentimos en este lugar:

El amor.

Los actos de valentía.

Los cobardes mueren muchas veces antes de morir.

Los valientes sólo prueban la muerte una vez.

Ellos fueron los valientes...

La última carreta se despidió de la comunidad y el Rey de todo aquello fue el último en salir. Tomando las puertas con pesar, y cerrandolas, siendo esa, la última vez que vería a su amado Reino.

Al dirigirnos a un futuro incierto, también somos valientes.

Todos nosotros.

Juntos.

Ezekiel.

-Nadie se pone de acuerdo de qué hacer ahora.- mencionó Michonne, situada en una parte intermedia de la caravana con rumbo a Hilltop - ¿Y el Consejo no acuerda ninguna resolución sobre seguridad? -

-Todos siguen consternados... -respondió Yumiko, y Magna a su lado le tradujo a Connie.- Entre Enid, Tara y todos los que perdimos... -

-Y no sabemos nada de Maggie... -agregó la morena.

-El Consejo envió otra carta, pero no recibímos respuesta aún. -

-Bueno... - se detuvo al ver a unos pocos caminantes, saliendo de la franja árboles del bosque blanco.

No tenían certeza acerca de si eran o no verdaderos caminantes, pero desde aquel sanguinario suceso, verlos les ponía los pelos en punta.

Contemplando esto también, de un modo más amargo y molesto, Alden aceleró un poco el paso del caballo que montaba y miró a Lydia desde la altura.

-¿Qué? ¿ahora nos vigilan? - la miró, despectivo. Lydia solo podía sentirse pequeña ante el odio inmanejable que no sólo Alden,sino que también varios más tenían contra ella.- Respetamos sus reglas, ¿no nos hicieron suficiente ya? -

-Oye.-intervino Carl.- Déjala en paz. -

Bufando, Alden azotó un poco su caballo y este camino, alejándose.

-No necesitas protegerme.-aseguró Lydia, guardando ambas manos sobre su abrigo. -Sé cómo se sienten con respecto a mi. -

-No.-Daryl intercedió antes de que Carl pudiera responder. -Eso no les da el derecho de hablarte así.-

El Puente ||Daryl DixonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora