Capítulo III: Miradas
—Vuelve a explicarlo. —exigió Tammy, mirando severamente a Maggie.
—Tammy... —rogó Earl, cabizbajo, para que no continuara.
—Vuelve a explicarme lo que pasó. —repitió en un tono de voz más alto.
—Tammy, ya te dijeron todo lo que hay para decir. —
—No lo acepto. Ella se llevó a nuestro hijo. ¿Para qué? Mi hijo murió, Earl. ¿y qué sentido tuvo su muerte? Conseguir un arado roto, ¿o me equivoco? —
—Encontramos más que un arado. —contradijo Maggie, con algunas lágrimas en sus ojos. —Esa expedición fue muy importante para el futu... —Tammy la interrumpió al incorporarse bruscamente.
—No te atrevas a hablarme del futuro en este momento. —
—Tammy, cálmate... —pidió Earl, sosteniendo su brazo. Tammy se soltó bruscamente.
—¿Crees que le pegaré a esta niña? —replicó despectiva. —Yo no soy así, ¿pero que clase de hombre eres si permites eso? —
Earl se incorporó con una mirada triste y guardó las manos en sus bolsillos.
—No soy ningun tipo de hombre. — suspiró apenado antes de marcharse. Tammy se largo a llorar y Maggie no hizo otra cosa más que sentirse culpable.
—Si me lo permiten, quisiera organizar un funeral. —
—Earl y yo vamos a enterrar a nuestro hijo, gracias.—rechazó en un vago intento por ser cortés.—Tú no eres bienvenida aquí. —
—Comprendo... —bajó su cabeza a la hora de marcharse, en silencio. Al cerrar la puerta y quedar en el exterior, recargó su frente sobre la superficie y sollozó por lo bajo. Sintió unos pasos cerca suyo y levantó su mirada para ver de quién se trataba, aunque era obvio quién se acercaba a ella... Su mayor rival.
Sus ojos furtivos fueron a parar directos en sus orbes verdes y lo único que irradiaba era furia y severidad.
Maggie se apartó permitiéndole el paso. Una vez ingresó y cerró la puerta, volvió a recargarse sobre la misma.
—Lo siento, Tammy. — la oyó decir. Los sollozos desconsolados de Tammy destruyeron su corazón.
—Mi bebé... —
[•••]
Es la última Rosa del estío...
Que florece en la soledad...
Todas sus adorables compañeras...
Marchitadas, se han ido...
Ninguna flor de su linaje...
Ningún capullo cercano...
Que refleje su rubor...
O que con ella suspire...
Y de pronto te he de seguir.
