Capítulo 31

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Maratón (4/6)

Capítylo XXXI: La Frontera de la Muerte

Al anochecer...

—Aquí no hubo un final feliz. —acotó la pelinaranja, fijándose en el paso.

Daryl asintió y se detuvo ante un rastro de sangre, impregnado en unas pocas hojas al borde de un arbusto.

—El sendero.—señaló el arquero.—Sigue en tres direcciones. —

—Eso no tiene sentido.— Neferet miró a su esposo.

Las ramas a su alrededor comenzaron a crujir.

—Vamos, regresemos. —ordenó el cazador ante los ruidos y un mal presentimiento. —Andando.—

Pero los caminantes llegaron.

—Carajo.—maldijo la pelinaranja y tomó el mangual de su espalda, arrasando con los primeros dos que se acercaron de un solo golpe.

—Son de Hilltop.—observó Carol, tensando una flecha que atravesó la frente del tercer errante.

Pero los gruñidos aumentaron...

Y los caminantes aparecieron desde distintos puntos.

—Miren sus manos.—indicó Michonne. —Podrían ser los de las pieles. —comenzó a atacar.

En conjunto, Carol y Daryl utilizaron sus cuchillos.

—Debemos regresar.—el cazador alzó su voz para ser escuchado. —Andando.—

—¡Por aquí! —indicó Michonne por la izquierda y los muertos llegaron también desde allí, por entre los árboles, causando que el grupo se pegara de espaldas, rodeados por la muerte.

Neferet fue quien inició cuando sacudió la bola de su mangual por el aire, tomando el impulso suficiente para arrasar con los putridos cráneos.

Michonne la acompañó con la agudeza de su katana; Daryl y Carol con sus cuchillos; y Carl, con un machete.

Los caminantes cayeron.

El bosque quedó en silencio.

Y una segunda oleada volvió a rodearlos, sin embargo, se detuvieron súbitamente y desenfundaron sus cuchillos y armas.

Eran los susurradores.

Arrójenlas... —

Daryl miró todas las direcciones posibles, tratando de unir la voz con una imágen concreta, solo para convencerse de que ese tipo aún no siguiera con vida.

Pero entonces, pasó, Beta se deslizó fuera de las sombras y se dejó a entrever ante los ojos del sorprendido cazador.

— No lo repetiré dos veces. —

Daryl fue quien tomó la inciativa al arrojar sus cuchillos y los demás lo siguieron.

—Solo debían darme a la chica. Nadie más debía morir. Pero ahora, el trato... se acabó.—

[•••]

Horas antes...

Luego de un rato largo de estar buscando a Lydia, Henry finalmente logró encontrarla, sentada sobre una banca, apartada de los demás.

—Hey... —saludó sin ser correspondido, y tomó asiento a su lado. —Te estuve buscando. —

—Me desorienté. —mintió, sin dejar de abrazarse a sí misma.

El Puente ||Daryl DixonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora