Capítulo XIII: Intentar
—Maldición... —expresó al acercarse cada vez más a la luz. Se lo veía fatal con su cabello despeinado y más canoso, con su barba bastante crecida, sus facciones cansadas y su cuerpo un poco más delgado.—Suena más aburrido que mi día. Así que... estás aquí atrapada con el equipo perdedor, mientras Rick está ahí afuera riendo con sus constructores. ¿Por qué? —
—¿Piensas que estoy atrapada? —inquirió curiosa.
—Pienso que yo no nací para pudrirme en una celda. Pienso que la guerrera que hay aquí no nació para plantar verduras y hacer sana-sana. —
—¿Piensas que eso es todo? —cuestionó, levantándose del banquillo para enfrentarlo. —Estamos reordenando el mundo. Reconstruyendo el Gobierno y creando leyes. Estamos sentando la base de todo sin nada que nos detenga, mientras tú te pudres aquí adentro sin nada. —concluyó victoriosa, regresando a su asiento.
Negan acarició su barba, caminando hacia la pared para recargarse allí.
—Me... Me alegra que mi esposa no tuviera que verme así. —confesó, genuinamente triste.
—¿Quieres decir... Que así es peor que el idiota que eras antes? —preguntó con sorna.
Negan suspiró, pensándola con los ojos cerrados.
—Ella era... Era un ángel. Merecía una suerte mejor. —
Michonne volvió a reprenderse mentalmente al caer víctima de su propia curiosidad.
—¿Que le ocurrió? —
Negan se acercó, aun recargado en la pared.
—Lo que ocurría antes. Cáncer. —confesó con amargura. —Nos habría encantado tener un hijo. Nos habría encantado tener un hijo como Carl. —sonrió, recordando nostálgico. —Tú eres afortunada. —
Michonne sonrió también por la mención del hijo de Rick.
—Es especial. Cada día que pasa... siento como si el fuera mi hijo. —
—Sin embargo, no es tu primer hijo, ¿verdad? —
—Tienes diez minutos para comer esto y luego me voy. —su voz se volvió cargada de seriedad y su mirada se volvió severa.
—¿Cómo murió él? Era un niño,¿no? ¿Tenía tus ojos? —
—Se llamaba Andre. —respondió, harta.— Y no sobrevivió. —agregó.
—Lo lamento. —
—Logré aceptarlo. —
El ex líder Salvador se deslizó hasta sentarse en el suelo, suspirando pesadamente.
—Ya sabes, en mi opinión, es mejor así. —
—¿Cómo diablos es "así"? —
—Mi esposa no había nacido para esto. Cuando murió, estaba débil. Y yo sentí alivio, en cierta forma. Ahora lo sé. Sé que, gracias a ella, no soy débil. Y contigo... Contigo es igual. —
