La noche del miércoles fue de las menos productivas en todo lo que llevaba de concurso, pero el recuerdo mezclado con las carcajadas que provocaron en mí aquella gente tan maravillosa no lo cambiaba por nada.
Todo había empezado por la tarde cuando a Rafa y Bruno se les había ocurrido hablar con acento latinoamericano. Aquel acto había derivado en la representación de la típica telenovela latina en la que las infidelidades, el amor y la traición reinaban como argumento. Con dos matrimonios formados por Rafa y Eva, y Hugo y yo, y dos hijos bastardos que eran Javy y Anne. Las risas colmaron desde la cocina hasta la sala de interpretación. Sin embargo, estas dieron paso a una fiesta en la sala de ensayo cuando Gèrard intervino montando un set de DJ improvisado con varias tablas de step y dos pesas. Rafa cogió el micrófono y colgándose unos cascos en su cuello, inundó aquel enorme espacio con temas de electrónica de la clase de Cesc, nuestro entrenador personal.
Eva y yo adquirimos el papel de gogos acompañando la música con pasos de baile aleatorios que animaron al resto a de compañeros a unirse, quedando Rafa al centro, a su izquierda Javy y yo, y, a su derecha, Gèrard y Eva. Hugo se quedó en las escaleras observando el espectáculo cuando tuvo una gran idea: ir a por pelucas y sombreros, que pronto adornaron las cabezas de nuestros acompañantes masculinos.
Posteriormente, el baile se convirtió en una parodia interpretativa de varias de nuestras canciones que sonaban en el recinto. No obstante, cuando sonó Guantanamera, decidí coger las riendas de aquel dúo dejando impactados a los pocos compañeros que quedaban, ya que Eva había decidido abandonarnos. Ellos continuaron con la burla bailando bachata en parejas, yo, en cambio, me coloqué en el centro de la sala para comenzar con la coreografía y, en unos segundos, aquellos habían abierto un espacio frente a mí para dejarme actuar.
Notaba la mirada de todos ellos porque apenas estaban acostumbrados a ver mi faceta alocada, ya que todavía no la conocían.
Me movía íntegramente focalizada en una actitud provocativa, derrochando sensualidad, desde el centro llegando a colocarme de espaldas agitando mis caderas frenéticamente.
Cuando terminé, Javy alabó mi danza quitándose el sombrero que llevaba. Decidí voltearme para ver a los demás, saliendo poco a poco de mi papel, logrando observar cómo Hugo, concentrado en mi cuerpo, se mordía el labio inferior. Sonreí ante sus gestos ruborizada y, de repente, otras melodías llegaron a nuestros oídos para hacer desaparecer la sensación de timidez que había abrumado mis mejillas.
Sucker, el dúo de Gèrard y Hugo era el siguiente.
El de gafas optó por traer los pies de micros al centro, yo mientras quedé de pie en la misma posición esperando a que ambos se colocaran para sorprendernos con su parodia. En cambio, la otra persona de la pareja tenía otra idea.
Llegó por mi espalda y, en un abrir y cerrar de ojos, la mano del rubio tiraba de la mía, consiguiendo colocarme en su hipotética posición.
– Imítame. – dijo retándome con su peculiar guiño de ojos.
Desde nuestro pique del lunes en la merienda, los dos habíamos instaurado una batalla de provocaciones que consistía en hacer desesperar al otro.
Yo no dudé en aceptar el reto y, colocándome al lado del de Ceuta, agarré el micro con una actitud chula y desenfadada, la cual caracterizó su persona durante aquella gala. Él no dudó en colocarse a mi lado, para duplicar la interpretación y corregir mis errores.
– Cógelo. – añadió Hugo haciendo referencia al micrófono – Y vente pa' ca'.
Era el turno de imitar su parte solista de la canción, por ello, acordándome de las pautas que le había marcado Vicky, me fui acercando hacia el extremo donde se había quedado esperando.
– Le tienes que tocar la pierna. – anticipó Javy observando nuestro acting desde la parte posterior.
La parte de este consistía en interactuar con una bailarina, con la cual había de coquetear. Siguiendo con la actuación, rondé al chico justo como había hecho él en la actuación de Señorita. Pero, únicamente, quedé detrás suya para acariciar con descaro su pierna como se había apresurado a indicar el moreno andaluz. Una sonrisa ladeada escapó de su rostro y, con una mano, intentó retenerme en su espalda, aunque yo fui más veloz y logré escapar.
Las notas cesaron dando fin a la canción a la par que Rafa y Gèrard decidían desistir la continuación de la fiesta. El programa también había decidido dar por terminada nuestra juerga apagando las luces de la sala. Los tres que allí quedábamos nos desilusionamos ansiosos por prolongar más aquel momento.
– Venga, una más y nos vamos. – exclamó Hugo dirigiéndose hacia el ordenador para buscar la última canción.
Y así fue como Atrévete-te-te de Calle 13 terminó siendo la banda sonora de aquella velada. Aquel reggaeton urbano consiguió hacer estallar al extremo el éxtasis de nuestro cuerpo. Nos acercamos para bailar pegados en un intento de perreo, y afirmo que quedó en intento porque ambos hombres no sabían ni mover sus caderas como para mover sus nalgas.
Aún así, nos arrimamos, mientras yo quedaba estrechada con Javy a mi frente y Hugo a mi espalda. Cada quien recorría el organismo de su compañero para intensificar el mamarracheo, desde los muslos hasta la espalda, apretándonos todo lo que podíamos. Hasta el momento en que el moreno sacudió su trasero empujando mi cuerpo, provocando que cayese encima de Hugo y que ambos terminásemos en el suelo.
Los tres estallamos de risa, tanto que casi podíamos movernos. El rubio acariciaba mi vientre con sus brazos, gesto que hizo evidente mi punto débil: las cosquillas. Así que, cuando fue consciente de ello, no dudó en prolongar sus caricias mientras yo me movía intentando zafarme de aquella tortura.
– ¡Hugo, por favor! ¡Para! – gritaba suplicando que detuviese el cosquilleo, pero él seguía burlándose de mí, acrecentando sus movimientos – ¡HUGO! – seguía riendo mientras pronunciaba su nombre por sílabas debido al hipo que me habían causado las carcajadas.
– ¡Illa! Que vas a despertar a todo el mundo. – aportó deteniendo su acto – Si es que, no se te puede dejar sola ni un momento. – concluyó dejando un leve toque en mi nariz.
Me bajé de su regazo quedando frente a él, observando cómo el brillo de sus ojos sobresalía sobre la oscuridad que presidía la sala. Tenía pintada una amplia sonrisa en el rostro y el pelo alborotado. Sin embargo, seguía estando guapísimo.
– ¿Qué? – consiguió verbalizar sacándome de mis pensamientos – ¿Nos vamos a dormir?
Yo asentí levemente, cerciorándome de que estábamos solos. Ninguno se había dado cuenta de que Javy se había marchado.
Hugo me acercó su mano para ayudarme a levantar, aquel gesto tan insignificante se había vuelto bastante común en nuestra relación. La acepté y tiró suavemente de mí para, posteriormente, reposarla sobre mi hombro. Yo la entrelacé con la mía, y llevé la que me quedaba libre a su cadera, donde él imitó mi gesto.
De aquella forma llegamos hasta el vestidor con la intención de buscar nuestros pijamas. Él lo consiguió primero, y decidió esperarme frente a los lavabos, dejándome intimidad para que yo me cambiase. Cuando estuve lista, seguí sus pasos encontrándome con su mirada fija en el suelo y su silueta apoyada sobre la puerta de la habitación. Entramos intentando hacer el menor ruido posible para no despertar a nuestros compañeros, aunque los ronquidos de Flavio originaron una breve risa en ambos.
– Sh... – expresó su descontento alguno de nuestros compañeros, obligándonos a acallar nuestros sonidos con nuestras manos.
Así llegamos hasta mi cama, la cual no estaba muy lejos de la suya, donde se paró frente a mí, alargando sus brazos para envolverme entre ellos. Yo me acurruqué en su pecho para aspirar el olor tan dulce que aun seguía desprendiendo.
– Buenas noches, panterita. – susurró en mi pelo mientras dejaba un beso en él.
– Buenas noches, Huguito. – le respondí sonriendo por su alusión a mis palabras a la par que, de puntillas, dejaba un tímido beso sobre su mejilla.
Él volvió a apretarme contra sí y, con otro guiño de ojos, se alejó en dirección a su litera.
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inmarcesible | anahug
FanfictionSe entiende por inmarcesible aquello que no se puede marchitar. Pues inmarcesible es la intensidad con la que vive la protagonista de esta historia, matiz que la caracteriza y provoca que se suma en una vorágine de emociones cada vez que conecta co...
