La angustia se apoderaba de mí con más fiereza a cada paso que daba. A cada escalón que bajaba, incluso a cada cual que subía. Los golpes que daba mi corazón contra mi pecho se hacían más dolorosos a cada minuto, incluso conseguían acallar todas las voces que me rodeaban e intentaban calmarme.
Era el día de la gala.
La que podía ser mi ultima noche en aquel lugar mágico y, a pesar de que me había prometido que aquel pensamiento no me abrumase, el sentido de este hacía mella en mi interior de manera irremediable. No tenía control sobre mi cuerpo y me aterrorizaba no tenerlo sobre mi voz. Y, sumida en mis pensamientos obstinados, no lograría encontrar una solución.
– Anajús. – su voz, aquella voz melosa se volvía a colar en mis delirios – Estate tranquila, ¿vale? – él, aquel rubio que vagaba por mi vida volvía a tener la llave que encerraba mis inquietudes.
Un cordobés vestido con un traje azul verdoso a juego con su sonrisa y una simple caricia que se deslizaba por mi mejilla conseguían calmar mi angustia al igual que dejarme sin palabras.
– Gracias. – susurré contra su hombro ya que en cuestión de segundos me tenía aferrada a su cuerpo.
– Anda vamos que ya va a empezar la gala. – pues, después de depositar un beso en mi mano y entrelazarla con la suya, subimos al plató dispuestos a iniciar la grupal.
Al escuchar a Roberto pronunciar cómo había sido recibido el lanzamiento del single de Javy, únicamente podía observar cómo en el rostro de mi amigo se dibujaba una sonrisa enorme, incrédula y totalmente sincera. Ante aquello, mi corazón se ablandó demostrando tanto amor como orgullo por la persona que me acompañaba ante aquella situación tan complicada y por la acogida tan excepcional que había recibido su trabajo.
Admiraba de manera fervorosa a las personas que me rodeaban, debido a ello, el sentimiento de miedo latente hacía varias horas se transformó en gratitud. En primer lugar por haber tenido la oportunidad de disfrutar de ellas, aunque posiblemente solo fuese hasta aquel instante, y, en segundo lugar, porque para mí todo aquel camino recorrido ya había valido la pena.
Así lo reflejaba la mano de mi compañero apoyada en mi muslo y la mía encima de ella, dando y recibiendo cariño. Aquel gesto era mi concurso, mi regalo.
Con la irreverencia por bandera y subida en aquel podio que me hizo creer que era una jodida diosa, dejé mi alma en el escenario al son de Nathy Peluso. Lo supe ya que al terminar, los vítores y aplausos inundaron mis oídos como lo habían hecho al principio de la noche mis latidos, pero la diferencia radicaba en la sensación de satisfacción que recorrió mi cuerpo en ese momento.
Llegué al sofá energética al visualizar el pelo morado de mi hermana al otro lado de la pasarela. La abracé. Tan fuerte que creí que se me iba a deslizar a través de mis brazos. Estaba allí. Ella. Y yo no lo podía creer. Agradecí enormemente tenerla tan cerca y en un momento tan importante. A mi lado. Como siempre. Por ello, las lágrimas no tardaron en escapar de mis ojos. Ante aquella estampa era imposible; pues la unión de mi familia y mi nueva vida se hacía presente en aquel lugar tiñendo mi piel de manera completa.
No recuerdo cómo continuó la gala porque la felicidad había inundado mi ser de manera disparatada. Solo sabía sonreír. Mirar a mis compañeros y volver a hacerlo. Y, al llegar el momento de la expulsión, también.
Ya no me importaba qué pudiera pasar, tanto Javy como yo merecíamos quedarnos, pero sabía que fuera me esperaba algo mejor y también me tocaba esperarlos a todos ellos. Así que cuando Roberto pronunció mi nombre, la sorpresa que experimenté fue estratosférica. Sin embargo, terminó cuando mi mirada colisionó con los ojos marrones de mi compañero.
Me abalancé sobre sus brazos sintiendo como una parte de mí se iba con él.
– Te quiero. Te quiero. Te quiero un montón. – eran las únicas palabras que podía articular mientras lloraba como una cría por segunda vez a lo largo de la noche.
La idea de abandonar la academia me había rondado toda la semana, por ello, la había asumido con creces. Pero no llegué a estudiar la otra posibilidad: la de despedirme de Javy. Uno de mis grandes apoyos.
Lo miré y me volvió a abrazar siendo incapaz de sostenerme la mirada. Sabía que la pena le quemaba en su interior, pero por nada del mundo quería mostrarla, sobre todo por Jesús.
Mis dedos recorrían su rostro tratando de grabarlo a fuego: su barba, sus hoyuelos y la media sonrisa que ocultaba tras el apenado brillo de sus ojos.
– Te quiero mucho, bonita.
Y su voz consiguió despertarme por trigésima vez aquella noche.
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inmarcesible | anahug
FanfictionSe entiende por inmarcesible aquello que no se puede marchitar. Pues inmarcesible es la intensidad con la que vive la protagonista de esta historia, matiz que la caracteriza y provoca que se suma en una vorágine de emociones cada vez que conecta co...
