Capítulo XXV

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La-Si-La-Si-La-Si-La-Si-Do

Sol-Sol-Sol-Sol-Do-Si-Sol-Re

La-Si-La-Sol-La-Si-La-Sol-Si


Las notas musicales bailaban unas tras otras a través de mis dedos acompañando a mi voz, la cual, por primera vez en todo el día, escuchaba afinada aunque solo fuese porque estaba sentada delante del piano en el box. 


Me sentía impotente al no observar los frutos de todo el esfuerzo gastado en los ensayos, al no ser capaz de demostrar que podía hacerlo, que estaba a la altura del reto propuesto. 

Ni el cariño recibido por los seguidores esta mañana, ni haber achuchado a mis padres, ni las palabras ni abrazos de consuelo de mis compañeros me servían de amparo.

Nada estaba bien. 

Yo no estaba bien. 

Y llorar tampoco había servido para levantarme el ánimo. 


Sin embargo, cuando mis yemas se deslizaron por las teclas buscando aquella melodía que me había servido de refugio desde que estaba en la academia, encontré un atisbo de serenidad en mi ser. 

El sonido liviano de las notas resonando en aquel pequeño cubículo atenuaron momentáneamente mi angustia y, el significado escondido tras la letra, me transportó a aquella noche cuando me atreví a escribir mis miedos en aquel modesto cuaderno para, con posterioridad, darles vida con mi ukelele. 

Y, sin darme cuenta, la puerta se abrió dejándole entrar: en la sala y en mí. 

Ingresó con pasos trémulos y cuidadosos intentando no dañar el ambiente que había creado. Con la mirada fija en el suelo, se sentó frente a mí para seguidamente conectar con mis ojos y esbozar la sonrisa más inocente que había observado. 

- Hola. - trazó minuciosamente aquellas cuatro letras mientras sus dedos jugaban a enlazarse, muestra de su nerviosismo. 

Cuando el último sonido procedente del piano retumbó en las paredes, un suspiro escapó de mis labios a la par que me decidí a contemplarlo.

Seguía en la misma posición, con su mirada fija en mí y de sus ojos escapaba un brillo peculiar. Lo notaba inquieto pero no tenso, pensando demasiado en qué decir o hacer, escogiendo con una prudencia magistral sus actos. Su pelo, medio blanco medio rubio, estaba alborotado aunque le favorecía de igual modo. 

- ¿Cómo estás? - pronunció pasados unos minutos. 

- Mejor. - le respondí siendo incapaz de aguantarle la mirada. 

No le mentía, me sentía más aliviada que en la cena, pero todavía no estaba tranquila. 

- ¿No puedo tener bajones yo? - agregué de modo divertido para disipar la preocupación que salía de sus palabras.

- Sí. - contestó el cordobés arrastrando la vocal y riéndose de mi postura. 

- Pues ya está. - terminé por exponer una media sonrisa en mi rostro. 

Seguidamente, volví a centrarme en el piano intentando conectar nuevas notas a la melodía para darle más proyección al que sería, en un futuro no muy lejano, mi primer single. 

La atmósfera que bañó la sala era delicadamente cálida, confortable y acogedora.

- Cantamela.- sugirió Hugo en un susurro que me recorrió la piel. 

inmarcesible | anahugStories to obsess over. Discover now