CAP47

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-¿Estas segura de esto Hally?-dijo Judith viéndome insegura.
-No tengo otra alternativa, Judith.-dije poniéndome la chamarra arriba, ya tenía la peluca, el maquillaje e unos lentes de contacto, esto tiene que ir bien.
Suspiro resignada, Milton paso su brazo al hombro de Judith con ternura, Judith con una sonrisa lo abraza más a su lado y yo mientras les quiero aventar tierra.
-Los veré luego.-Antes de cerrar la puerta, los volteo a ver.-Sino llego a más tardar al atardecer de mañana, estaré en la estación de policía pagando mis crímenes, pero cuidaran de mi hermana, por favor.
Ellos asintieron, para después cerrar la puerta.

Voy conduciendo acercándome más al orfanato psiquiátrico de Washington, no era el mejor orfanatorio, sabía que César no quería echar sus planes abajo por lo mejor de mi hermana pero tampoco la dejo tirada. Cuando leí la carta, rápidamente agarre la computadora para conectarme a Google e buscar la dirección de ese orfanatorio, ahora voy en busca de mi hermana.
Mi celular vibro, lo agarre para verificar de quien Matthew.
Mi corazón se estrujo por más de setenta y dos veces.
Rechacé la llamada, *Estas aquí, por tu hermana* pensé dándome ánimos.

Estacione el auto de Milton. Baje ajustándome la chamarra, camine firme sintiendo el cemento, mire el edificio no estaba en mejor estado pero espero que luzca mejor de lo que se ve por fuera. Abrí la puerta y había un escritorio con una mesa de café y sillas alrededor, olía desagradable, me acerque al escritorio, estaba una señora de mayor edad fumando.
Me mira con confusión, le di una sonrisa agradable y me ajuste la coleta alta de mi peluca güera.

-¿En qué le puedo ayudar, señora?-dijo dejando el humo salir de su boca.
-Busco a Emma Hallywell.-dije con una sonrisa resplandeciente.
Dejo de lado su cigarro y con su computadora, empezó a teclear.
-El doctor que la atiende salió, pero puede entrar a verla.
-Pasillo nueve, su puerta es la treinta y dos, el número del ascensor es cuatro.
-Muchas gracias.
Antes de que pudiera tomar mi camino, me hace una pregunta.
-¿Qué es de usted esa mocosa?-dijo sacando el aire de su pintalabios escurrido.
Me acerque a su escritorio, con los tacones dejando resonar por el pasillo, con una sonrisa le respondí.
-Vengo por los derechos de esa niña.
La señora me mira como si no fuera de fiar.
-El señor César me dejo de su encargo después de su trágica muerte.-proseguí, la señora me mira para después seguir con otro cigarro, me di la vuelta para tomar el camino hacia el ascensor.

*Puerta treinta y dos, puerta treinta y dos* repetía en mi mente veía los números pasar en cada puerta, en medio del pasillo ahí estaba su puerta, todas las paredes estaban manchadas por el desagüe o moho, su puerta era blanca al igual que todas. Agarre la llave que colgaba alado de la puerta y la abrí.

Ahí estaba mi hermana después de dos años que ha pasado todo esto, dos años que no la eh podido ver, dos años que la creí por muerta, dos años que moría de nostalgia.
Di un paso entrando, y la vi dibujando de espaldas, su cabello largo güero, su piel pálida por no salir de aquí por aire fresco.
Deje de caminar cuando estuve enfrente de ella, estaba con lágrimas en los ojos y mis dedos temblaban, no recordaba como respirar.
-¿Emma?-dije en un susurro fuerte, Emma volteo a verme y supe que ella era mi hermana. Sus ojos verdes brillantes me miraban confusa.
-Sí, soy yo-dijo ladeando la cabeza.- ¿Quién eres tú?
No pude durar tanto tiempo parada, mis piernas dejaron de funcionar, me desparrame cayendo de rodillas al suelo para echarme a llorar.

Emma de tan solo seis años que desconocía el mundo de afuera se me acerco con sus manitas abiertas a abrazarme, rápidamente la estreche a mi lado.
-Dicen que cuando las personas estén tristes, hay que abrazarlas sin tener que preguntarles el por qué.-dije en mi oído con sus bracitos colgando de mi cuello.
Solloce sobando su cabello grasoso, su ropa estaba con manchas, perdió el color de tanto usado, tenía roturas pequeñas y sus tenis estaban muy usados, no se cuanto no la visito César pero estaba Emma echa un desastre, al igual que su cuerpecito muy delgado para una niña de seis años.

¿Por qué yo?Donde viven las historias. Descúbrelo ahora