Mánchester. Marzo, 1990.
Randall y Aidan trabajaban como mozos en un restaurante de lujo llamado The British. Randall llevaba trabajando ahí unos años, y Aidan había ingresado al cumplir la mayoría de edad en noviembre. Sin embargo, tuvo varias ausencias y llegadas tardes por alcoholismo, y problemas en el trabajo por ser promiscuo. En una ocasión, su novia Isabelle lo pescó dándose un par de besos con una moza, ella se fue corriendo, y Aidan fue tras ella en pleno horario laboral. Esto llevó a que Nigel, el dueño, lo sancionara y al mismo tiempo prohibiera cualquier tipo de afecto entre los empleados en el trabajo.
Un día, Randall, el hermano mayor, tenía día libre, pero Aidan no, y se quedó dormido. Subió Clarissa a la pieza de su hijo para despertarlo.
—A levantarse —lo llamó estando en la puerta, como no le contestó ni la miró, prendió la luz y se acercó.
La habitación estaba desordenada. Había revistas de rock y pop tiradas en el piso, pero eso no le impidió a Clarissa llegar hasta la cama. No se tropezaría en lo más mínimo porque las revistas estaban alejadas de la cama. La ropa estaba desacomodada sobre una silla y una mesa. Había cassettes desparramados sobre la misma, otros guardados en un estante. Por otro lado, en la pared había posters de INXS, Simple Minds y Roxette. Clarissa ya estaba parada al lado de la cama. Lo movió un poco, lo que hizo que se despertara.
—Hoy no, quiero seguir durmiendo —murmuró medio dormido. Se tapó más, se acomodó y volvió a cerrar los ojos.
Clarissa lo destapó.
—Aidan, levántate. Vas a llegar tarde.
Él abrió los ojos de nuevo, se dio vuelta, se desperezó y se incorporó.
—¿Qué hora es?
—Las 9:45. Vístete y baja, tu hermano te está esperando para llevarte.
—Ya estoy grande, puedo ir solo —dijo pasándose las manos por los ojos y frunciendo el ceño.
—¿Y que choques con esa cara de dormido? Por supuesto que no —le prohibió y salió de la pieza.
Aidan resopló y se levantó. Se vistió rápido, agarrando lo primero que había en la silla. Esa ropa sólo la había usado el día anterior, así que todavía no estaba tan sucia. Fue al baño a lavarse la cara y peinarse un poco, y bajó al living—comedor, donde lo esperó su hermano sentado en el sillón con las llaves del auto en la mano. Se levantó apenas lo vió doblar en unos escalones, ambos se despidieron de su madre y se fueron en el auto.
—Mierda, quisiera no haberme dormido —se quejó pasándose la mano por la cara.
—Tienes que dejar de hacer esto. ¿Por qué te acuestas tarde si sabes que tienes que trabajar al otro día? —lo regañó.
—Es que me puse a ver una película y terminó a las 2. No me di cuenta de apagar la tele antes. ¿Crees que me van a despedir?
—Esperemos que no, que sea solamente una sanción o que Nigel te la perdone, que no creo —dudó Randall levantando y bajando las cejas, sabiendo cómo era el dueño del restaurante.
Aidan todavía tenía sueño, pero estaba tan preocupado por lo que le dirían o harían en el trabajo que no podía volver a dormir.
Minutos después, Randall se estacionó cerca de una esquina, y Aidan bajó del auto.
—Gracias, nos vemos.
—Suerte. —Dio arranque al auto de nuevo y se fue.
Caminó hasta el restaurante mientras seguía pensando en qué diría. Al llegar a la puerta, entró sin perder ni un segundo y, al ver que May, la gerente de 26 años, estaba revisando una carpeta, intentó pasar lo más rápido que pudo para que no lo regañara.
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Tu hija
Ficção GeralAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
