Sandrine y Aidan estaban en la puerta de un restaurante. Apenas se encontraron, él fue directo a abrazarla con mucho cariño como si no la hubiera visto en años, cosa que para él fue así.
—Qué bueno que nos vemos de nuevo, te extrañé mucho.
—Aidan, sólo pasaron dos semanas —dijo Sandrine algo risueña.
—Fueron muchos días —insistió y se apartó un poco para mirarla—. Tu familia apenas deja que nos veamos, y habías cancelado.
—Sabes que no lo hice a propósito.
—Lo sé, lo sé, perdón —se disculpó volviéndola a abrazar—, no quise decir eso —continuó acariciándola.
—Está bien. Aunque extrañaba tus abrazos —lo elogió acurrucándose en su pecho.
Finalmente, entraron y se sentaron en una mesa al lado de una ventana. Una mesera les dejó la carta y se retiró.
—Disculpa que te haya llamado tantas veces, es que quería hablar contigo. Digo, ya que no saldríamos el fin de semana pasado, bueno...sé que me pasé llamando todos los días cuando me dijiste que casi no estabas disponible, pero... —se disculpó mientras se enredaba con las palabras.
—No te preocupes —lo disculpó posando su mano sobre la de él, gesto que lo calmó—. Pero es verdad, si casi no tomo o no te devuelvo la llamada, es porque apenas estoy en casa. Sólo a la noche y cuando vuelvo, ya casi es hora de la cena.
Aidan le sonrió, y ambos volvieron a mirar la carta. Una vez que decidieron, llamaron a la camarera, quien se acercó a tomar el pedido y retiró las cartas. Aidan se le quedó mirando con ternura a Sandrine, y ella le sonreía.
—¿Te quedaste hipnotizado?
—Es que eres muy bonita. —Levantó su mano y se la besó. Sandrine lo miraba a los ojos. Aunque no eran novios todavía, la consideraba parte de sus personas favoritas o incluso más que eso. Se alegraba de haberla conocido y esperaba que nunca se separaran. De repente, se puso serio y bajó la cabeza—. Perdón que te diga esto, pero de verdad creí que no querrías salir más conmigo, que te habías dejado influenciar por tu familia, bueno, gran parte de ella —aclaró volviéndola a mirar.
—Con todo lo que te dijeron y cuánto se metieron, es entendible que pienses así —comprendió ella con amabilidad—. Te hicieron sentir inseguro. Ellos no deberían meterse, ya no soy una adolescente para que interfieran en mis relaciones.
La moza volvió con los platos y se retiró finalmente.
—Te cuidan, supongo, pero tienes razón. Tú...¿crees que yo voy a hacerte daño? Lo que te dijeron es todo verdad, pero no soy un monstruo. No creo serlo —agregó un poco cabizbajo.
—Me has tratado muy bien este mes o meses que hemos salido. Bueno, creo que no nos vimos en todo un mes por culpa de ellos —se quejó torciendo la comisura izquierda del labio mientras cortaba sus sorrentinos. Aidan le sonrió—. Por cierto, disculpa que mi hermana te haya tratado de niño y mocoso.
—Tú no tienes nada de qué disculparte, mi amor. Ni por los otros ni por ti.
—No soy perfecta —rió levemente.
Su novio le sonrió.
—Pero si tú me dices "niño" o "bebé", no me enojo. Les doy permiso a ti y a mi mamá de decirme así. Puedes llamarme como a ti te guste. —Su chica le volvió a sonreír y se pusieron a comer. Pasaron varios minutos hasta que Aidan rompió el silencio—. Cuando Randall me dijo que eras hija de mi jefe, casi no podía creerle. Perdón, pero es que...eres muy distinta de tu papá y también de May, digo, en la forma de ser.
—Es verdad, no salí a mi papá, sino a mi mamá —concordó riendo un poco.
Aidan volvió a ponerse serio.
—¿En serio te gusta estar conmigo? —dudó.
—Claro que sí —contestó sonriendo y encogiéndose un poco de hombros, pareciéndole rara la pregunta—, no estaría aquí sino.
Aidan volvió a sonreír, aunque en el fondo sintió que había hecho una pregunta estúpida. Tenía razón, ¿para qué saldría con él si no lo quisiera? Con ella se estaba portando muy bien a pesar de todo, pero siempre temía que pudiera dejarlo por lo que Nigel y May le contaron de él y la diferencia de edad, sobre todo porque él era más joven. Sólo estaba fallando en algo: le estaba ocultando a su futuro hijo, pero tenía miedo de contarle.
Un rato después y luego de terminar el postre, pidieron la cuenta y se fueron del lugar tomados de la mano. Siguieron hablando mientras caminaban. De repente, Aidan se detuvo, haciendo que Sandrine también dejara de caminar, y se pusieron uno frente al otro, bien de cerca. Estaban tomados de las manos, se miraron el uno al otro, y Aidan se acercó a sus labios para darle un beso. Ella lo acariciaba, y ambos se abrazaban mientras seguían besándose. Se detuvieron y se miraron.
—Te amo, Sandrine.
—También te amo, Aidan. —Lo abrazó y se acariciaron—. También me gustas mucho. Estoy tan feliz de estar a tu lado.
—Yo más, mi princesita —dijo Aidan con ternura.
Hola, espero que les esté gustando esta novela. Dejen sus comentarios, me gustaría saber qué opinan de lo que pasa y de los personajes: cuáles son sus favoritos, menos favoritos, cuáles odian, etc. 😅
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Tu hija
RomansAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
