Capítulo 4

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Randall y su mamá vieron el desastre al volver a casa y llamaron a Aidan. No hubo respuesta. Subieron a la pieza con rapidez, temiendo que se hubiera hecho algo. Nunca pasó, pero tenían siempre ese miedo cuando veían el living hecho un desastre. Al llegar, tocaron la puerta. Él estaba acostado, se había quedado dormido, y los golpes lo despertaron. No se levantó, pero contestó con un "pasen" apenas audible. Randall y Clarissa se aliviaron al escucharlo y entraron. Se incorporó.

—Mi pequeño, ¿qué pasó? —preguntó su mamá acercándose y tomándole el rostro.

—Isabelle terminó conmigo —contestó en una voz apenas audible.

Randall suspiró.

—Lo que supuse —murmuró mirando a un costado.

Sin embargo, Aidan lo escuchó y se le echó encima, pero su hermano lo agarró de las muñecas.

—¡Si vas a criticarme, sal de aquí, imbécil!

—¡Aidan, tú tampoco seas así! —lo retó su mamá levantándose de la cama.

—¡Tal vez si actuaras mejor, estas cosas no te pasarían! ¡No es la primera vez que te deja una chica, y el único culpable eres tú! —finalizó bajándole los brazos con brusquedad.

—Me hablas así porque eres perfecto, todo te sale bien. Natasha no te va a dejar —murmuró con la voz quebrada mientras volvía a sentarse en la cama y bajaba la cabeza.

—Randall no es perfecto, nadie lo es. Pero es verdad que tú tienes que cambiar de una vez.

—¿Ustedes también están en mi contra? —preguntó con la voz quebrada, mirándolos apenas.

—Deja de victimizarte. Nadie está en tu contra, Aidan, sólo te decimos la verdad. Siempre dices que ya no eres un niño, así que demuéstralo. Mejora de una vez, haz algo con esos malditos impulsos que tienes. —Clarissa lo miró con seriedad. Randall largó un suspiro y subió y bajó los ojos—. Perdón, se me escapó.

—Y luego soy yo quien no se sabe controlar —murmuró subiendo y bajando los ojos también, y mirando a un costado.

—¡Ese no es el punto!

Aidan no quiso escuchar más, volvió a acostarse y se dio vuelta.

—Váyanse, quiero seguir durmiendo.

Su mamá se acercó a acariciarlo un poco, él no reaccionó de ninguna forma, pero aceptó el cariño. Finalmente, ambos salieron. Randall se puso a hacer la cena. Cuando estuvo lista, fueron a llamarlo, pero no quiso comer. Su mamá trató de convencerlo, pero no lo logró, y Randall le dijo que no insistiera más.

***

Aidan en las siguientes semanas se la pasaba llorando y creyendo que nadie lo amaría. También maldecía a Isabelle y a sus anteriores ex por dejarlo y consideraba que no lo habían valorado, pero al mismo tiempo se arrepentía y se culpaba a sí mismo por ser como era. A veces llegaba tarde al trabajo, ya sea porque en casa le insistían con que fuera de todos modos, que no podía dejar de lado sus obligaciones o porque se iba a tomar por ahí y volvía borracho. Clarissa y Randall se aseguraban de ponerlo de costado porque un médico en la televisión lo había indicado. No era la primera vez que volvía en ese estado, ya lo había hecho al poco tiempo de cumplir 18. Su madre siempre le tenía miedo cuando volvía en ese estado porque se acordaba de su ex cuando volvía y les pegaba a ella y a sus hijos, pero tanto la seguridad que le daba Randall como su amor incondicional le ayudaban a enfrentarlo. Además, Aidan no se ponía agresivo con ella. A veces tomaba en cualquier bar a solas, y otras veces cuando salía a bailar cualquier día de la semana. Sin embargo, si Randall quedaba en salir con Natasha algún viernes o sábado a la noche, Aidan se quedaba en casa de Nick o en la de Ethan hasta el día siguiente que tenía resaca por miedo a asustar a su madre. Para empeorar la situación, comía muy poco. Sólo cocinaba cuando estaba sobrio y se volvía a la habitación, pero volvía para comer a la fuerza porque su familia lo obligaba.

Ahora estaba en su pieza, sentado en el piso y apoyado en el lateral de la cama. Tenía ojeras; no siempre dormía bien.

—¿Vas a hacer esto con cada ruptura? —preguntó Randall parado en la puerta. Aidan lo miró—. Lo has hecho desde los 16, ¿y ahora que tienes 18 se te dio por beber con más frecuencia? Mamá está muy preocupada, y yo también.

—Eso me dices porque nunca tuviste novia hasta ahora —le echó en cara—, tampoco sufriste rupturas, sino me entenderías.

—Naty y yo todavía no nos besamos, y voy a ser fiel a diferencia de ti. Además de tener buen carácter. De todos modos, no es sano lo que estás haciendo.

Aidan suspiró.

—No me volví alcohólico, Randall, sólo no encuentro otra forma de pasar el duelo —contestó escondiendo la cara entre las piernas mientras las tenía agarradas. Luego giró la cabeza en la misma posición, sin separarla de donde estaba y lo miró—. Tú también bebes cuando sales. Además, no es la primera vez que lo hago.

—Sí, pero esto es diferente y la primera vez te dije que no bebieras tanto porque no estabas acostumbrado. Ahora lo estás haciendo con frecuencia —le recordó—. Y lo que es peor, mamá te tiene miedo en ese estado, y no sólo a ti, a mí también. Por eso no vuelvo a casa hasta el otro día luego de andar de parranda: porque sé que tú también vas a tomar y no quiero que se asuste con nosotros dos borrachos. Pero agradece que enfrenta sus traumas porque te quiere y estoy yo cuando no salgo. —Esas palabras hicieron que los ojos de Aidan se empañaran, y Randall le puso la mano en el hombro como muestra de apoyo—. Sé que esto te duele, pero es la verdad.

Aidan quiso levantarse, pero enseguida se tambaleó, y su hermano lo agarró antes de que se cayera. Estaba cabizbajo y le costaba ponerse derecho por su cuenta, así que Randall lo ayudó a ponerse bien de pie.

—Ven, siéntate —dijo mientras lo ayudaba.

Ambos ya estaban en el borde de la cama, y Aidan se acostó y posó el brazo sobre sus ojos—. Voy a traer el tensiómetro. —Salió de la habitación y fue a la de su madre a buscar el tensiómetro dentro de un mueble. Lo sacó y volvió para colocárselo. Una vez que terminó, se lo quitó—. Tienes baja la tensión.

—¿Sí? No me digas —contestó con la voz apenas audible.

—Te pasa porque comes muy poco —lo regañó mientras guardaba el tensiómetro—. Entiendo que estés deprimido, pero hacerte daño no es la solución.

—Pero siempre vuelvo a comer bien —minimizó el hecho.

—Sería mejor que lo hicieras siempre, aunque te agarre la depresión. De no ser por mamá y yo...—dejó de hablar para no decir que se moriría—. Sabes que tendremos que internarte si sigues así, ¿no? —advirtió

Aidan bajó un poco el brazo para mirarlo, como considerando lo que le había dicho. Suspiró.

—¿Todavía queda pudín?

—Sí —contestó esperanzado de que Aidan se lo pidiera.

—Tráemelo.

Randall sonrió levemente al ver que había logrado convencerlo, y salió de la habitación. Bajó al living y de ahí fue a la cocina. Abrió la heladera y sacó el postre para llevárselo a su hermano.

Hola, espero que les esté gustando esta novela. Dejen sus comentarios, me gustaría saber qué opinan de lo que pasa y de los personajes: cuáles son sus favoritos, menos favoritos, cuáles odian, etc. 😅

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