—Vamos afuera —dijo Nigel.
Aidan lo siguió, y se alejaron de la cocina hasta llegar a la oficina administrativa.
—Mira, a mí no me importa sobre qué discutías con Natasha, pero sí te voy a exigir que no quiero volver a enterarme de algo así.
—Perdón, no quise...
—Cállate, que estoy hablando yo —lo interrumpió levantando la voz—. Ya tuve suficiente contigo revolcándote con las empleadas en horario laboral, y lo seguiste haciendo después de que lo prohibí, y ahora se te da por alterar el orden en la cocina. Me vuelvo a enterar de que sigues molestando, y te lo descuento de tu sueldo —le advirtió.
—No, no, le juro que no lo vuelvo a hacer. Me porto bien, en serio —prometió desesperadamente.
—Vuelve a trabajar, desaparece de mi vista.
Aidan se retiró y en el camino se encontró con Randall. Este lo detuvo y le preguntó qué le había dicho el dueño.
—Perdón, te juro que iba a ir, intenté convencer a Nigel de que no te regañara, pero no pude hacer nada.
—¿Ibas a defenderme a mí o a Natasha? —preguntó celando. Se fue a una mesa a sacar unos menús.
Randall volvió a acercarse.
—Deja de ser así. Nada más iba a sacarte de ahí antes de que Nigel o May te dijeran algo.
—Ajá. Con semejante traición, ¿esperas que te crea? —Se fue con los menús y los llevó a una mesa donde había gente. Luego se fue, y su hermano lo siguió.
—Aidan, tú mismo me dijiste lo que te va a pasar si sigues molestando.
Su hermano menor se detuvo.
—¿Quieres dejar de tratarme como un niño? —se quejó.
Randall no le dijo más nada, miró para otro lado y vio que le hacían seña desde una mesa.
—Esta charla no terminó acá —avisó y fue hacia la mesa.
A Aidan también lo llamaron desde otra mesa y se dirigió hacia esta, donde tomó la orden con amabilidad como de costumbre.
Unas horas después, Aidan y Randall estaban en casa de vuelta. Después de comer, se fueron al patio. Estaban sentados en la mesa.
—Voy a preguntarte directamente: ¿por qué fuiste a pelear con Natasha? Nunca habías peleado así con nadie del trabajo. ¿Sólo porque le doy prioridad? —Su hermano tenía ladeada la cabeza, evitando el contacto visual—. No tienes que mirarme, pero al menos di algo.
—Sí, estaba tan enojado por tu cambio de última hora que creo que no pensé en lo que estaba haciendo. —Levantó la cabeza y lo miró—. Pero últimamente parece que prefieres estar con ella que conmigo. Arreglamos una salida, y después dices que vas a salir con esa tipa, y tú tampoco eres capaz de decirle que no cuando ella te llama para salir.
—Se llama Natasha. Soy yo el que decide estar con ella, contigo, con mis amigos, con quien sea. Y esto ya te lo dije muchas veces, siempre me junto contigo otro día. Así que no tienes por qué hacerme una escena de celos y mucho menos decirme que soy una porquería de hermano —contestó regañándolo.
—¡Pero no me gusta que hagamos las cosas así! —protestó—. ¿De qué lado estás? ¿Del de Natasha o del mío?
—¡No, no me hagas esto, no me hagas elegir! Esto no es cuestión de estar del lado de uno o del otro. A los dos los quiero, de distinta forma, pero los quiero, y eso lo tienes que entender de una vez.
—¡Tú tienes que estar de mi lado porque soy tu hermano, soy de tu familia!
—A ver, ¿qué vas a hacer? ¿Dejar de hablarme porque tengo o estoy por tener novia? Me celas desde que eras un niño. Me iba a jugar con mis amigos, y tú llorabas, hacías berrinche. También llorabas cuando mamá se iba a trabajar. Ahora con amistades por suerte ya no me celas más porque tenemos los mismos amigos.
—Sabes muy bien que eso no es cierto. Nick, Ethan y Frida son amigos tuyos, no míos. Yo no tengo amigos desde que terminé la secundaria.
—Ellos siempre te integran en los descansos y salidas —le recordó.
—Porque tú se los pediste, pero en realidad ellos no me aguantan. Nadie me aguanta, y creo que tú me vas a dejar de hablar a mí en cualquier momento si sigues saliendo con Natasha —dijo con un hilo de voz—. Antes me había alegrado que al fin tuvieras novia, que salieras con una mujer, pero ahora...no sé. —Bajó la cabeza por uno segundos y luego lo volvió a mirar—. Es que tengo miedo de perderte, de que no hagamos más cosas juntos como antes.
Randall se levantó y se sentó en otra silla para estar más cerca de él, le puso un brazo alrededor.
—Aidan, tú a mí no me vas a perder nunca. No te voy a abandonar. A mí nadie me va a alejar ni de ti ni de mamá ni de nadie. —Aidan nada más lo escuchó y volvió a mirar para abajo—. Si conocieras a Naty, no estarías pensando así de ella. Sólo te voy a pedir que no vuelvas a molestarla. No puedes estar actuando así en el trabajo.
—Está bien, no la molestaré más —prometió mirándolo—. Ni siquiera fuera del trabajo —agregó.
Randall le sonrió; y Aidan, también un poco.
Ambos hermanos estuvieron callados hasta que Randall volvió a hablar.
—Mañana no trabajamos, ¿quieres que salgamos esta noche? —invitó Randall.
—¿En serio? ¿No vas a cambiar de plan después? —preguntó dudoso Aidan, pero con esperanzas.
—Te prometo que no.
—Bueno —aceptó contento.
—Salimos a la medianoche. Vamos en bus, no voy a manejar.
Aidan se levantó a abrazarlo efusivamente y le dijo que lo quería mucho y que lo adoraba.
Hola, espero que les esté gustando esta novela. Dejen sus comentarios, me gustaría saber qué opinan de lo que pasa y de los personajes: cuáles son sus favoritos, menos favoritos, cuáles odian, etc. 😅
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Tu hija
RawakAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
