Era viernes, sonó el teléfono en casa de Sandrine, y atendió su mamá.
—Hola.
—"Hola, ¿está Sandrine? Soy Aidan" —saludó tímidamente.
—Ah, sí, ya te doy con ella —contestó Katrina del otro lado, sonriendo. Bajó el tubo—. ¡Sandrine!
Su hija salió de la pieza y bajó la escalera.
«Parece que no voy a tener problemas con la madre», pensó con esperanzas.
En casa de Sandrine.
—Es Aidan.
Sandrine se acercó acelerando más el paso.
—¿¿En serio?? —preguntó Sandrine emocionada, su madre asintió, y ella agarró el tubo—. Gracias. —Se lo puso en la oreja—. Hola, Aidan.
—Hola, ¿cómo estás? —saludó—. «Hasta por teléfono tiene una voz hermosa», pensó sin dejar de sonreír.
—Bien. Ay, antes que nada, me quiero disculpar por cómo te debe haber tratado mi papá —se disculpó avergonzada—. En parte pensé que ya no ibas a llamar.
—Está bien, no importa. Y no te preocupes por tu papá, nada ni nadie va a impedir que quiera conocerte más.
—Mmm, qué bueno que no te asustó —sonrió aliviada—. Es que mi papá es muy protector con mis hermanas y conmigo y bueno, también tengo un hermano, y él también está en contra, y ni te conoce —explicó.
—Entiendo, y lo de tu hermano, debe ser por celos —supuso—. Bueno, tu papá también.
Siguieron hablando.
May, quien estaba de visita junto con Fred, pasó por ahí y la escuchó hablar con Aidan. Buscó a su madre por los dos livings y los dos comedores. Fred sugirió ir al patio cubierto. Ahí tampoco estaba. Luego fueron al patio y se encontraron con Grace y Spencer tomando helados en copas, en una mesa blanca de metal y ovalada con una sombrilla en el centro y seis sillas al rededor con cojines de color crema cada una para tener comodidad. Además, había dos perros adultos de tamaño mediano—grande negros, de pelo semilargo, sedoso y liso. Uno estaba debajo de la mesa; y otro en medio de los dos chicos. May les preguntó dónde estaba su madre, y Grace, a su vez, le preguntó si ya la había buscado en el jardín. Ella y su marido se dirigieron allí y la encontraron sentada en una mecedora frente a una mesa redonda en medio del jardín. Caminaron hasta llegar.
—¿Por qué tuviste que darle con ese tipo? —reclamó, haciendo que su madre girara la cabeza a la derecha para mirarla—. ¿No ves que con papá y Spencer tratamos de alejarla? Tendría que haber atendido yo y colgarle —protestó.
—Sabes que no pienso igual que tu padre ni tu hermano. Tu hermana ya está grande; no podemos decirle con quién salir y con quién no —argumentó Katrina con firmeza y paciencia a la vez.
—Aidan nada más va a jugar con ella; los hombres como él nunca cambian. Bueno, él es un niño, pero aun así —insistió su hija.
—Al menos tú eres la única inteligente, además de tu padre —comentó Fred.
—Mi familia y yo somos todos inteligentes aunque no quieras verlo —le contestó Katrina con firmeza, poniendo énfasis en "todos".
Tanto él como May se retiraron de regreso a la casa.
***
—Nos vemos esta noche —se despidió Sandrine después de haber hablado por un rato.
—Te espero donde dijimos, adiós —se despidió Aidan, y colgaron.
Sandrine se encontró con sus hermanos y su cuñado en el camino.
—No sabía que estaban acá —dijo Sandrine un poco sorprendida.
—Recién entramos —aclaró Spencer con el cachorro en brazos.
—¿En serio vas a salir con ese mocoso? —preguntó May burlándose.
—Ay, no lo trates así —lo defendió su hermana—. Sí, voy a verme con Aidan hoy a la noche —contestó sonriendo a pesar del comentario despectivo de May.
—¿Al menos podemos saber a dónde? —preguntó el menor.
—Me invitó a ir al cine y a cenar —contestó.
—¿Contentos? Déjense de tanto interrogatorio —la defendió Grace.
—Nos preocupamos por ella —aclaró May—. Sandrine, abre los ojos. Aidan lo único que va a hacer es hacerte llorar —intentó convencerla.
—No sabemos, tengo que conocerlo primero, y ustedes también deberían conocerlo antes de juzgarlo.
—Tu hermana tiene razón, pero si te hace daño, te lo tendrías bien merecido por robacunas —le echó en cara Fred.
Sandrine abrió bien los ojos, se cruzó de brazos y miró a un costado.
—Eso no era necesario —la defendió Grace.
—Sí, mejor cállate si no vas a aportar nada —agregó Spencer.
Fred no respondió, pero tampoco tenía intención de disculparse, ni May de corregirlo.
—Espero que sí resulte ser buena persona, y podamos conocerlo —deseó Grace.
Sandrine le sonrió.
—¿Y mamá dónde está? —preguntó Sandrine.
—En el jardín —contestó May.
Sandrine salió con los menores, mientras que la mayor se quedó en el living a ver la tele con su marido.
—¿Qué tal la charla con tu amigo? —preguntó Katrina con curiosidad luego de que sus hijos se sentaran con ella.
—Bien, me invitó a ir al cine.
—Sandrine, no te confíes de ese tipo, ¿sí? —advirtió Spencer.
—Sí, no se preocupen. Pero algo me dice que él no es un aprovechado.
—Espero que salgan muchas veces y un día nos lo presentes. Al menos ya le conocí la voz.
—Sí, ojalá —deseó Sandrine riéndose levemente.
***
—¿Te aceptó la invitación? —preguntó Randall esperando a que la respuesta fuera "sí".
—¡¡Sí!! Estoy ansioso y con nervios a la vez —contestó Aidan feliz.
—¿A dónde la invitaste?
—A ver una película y después a comer algo.
—Ah. Bueno, espero que tengan algo de qué hablar al salir del cine porque parece que ya hablaron de todo —bromeó Randall.
—¿Estuviste escuchando? ¡Qué chismoso eres! —gritó entre risas leves, dándole un pequeño empujón—. Yo no hago eso cuando hablas con tu novia.
—Tranquilo, no escuché la charla, sólo fue de paso —aclaró Randall mientras reía.
—Ah —emitió bajando la cabeza—...bueno...perdón —se disculpó volviéndolo a mirar, pero todavía cabizbajo.
—No importa. Pero...estuviste hablando mucho tiempo —notó su hermano mayor sonriendo un poco.
—Ah...es que...quería escuchar su voz de nuevo —contestó con la cabeza baja sin poder evitar sonreír.
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Tu hija
General FictionAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
