—Si quieres, mañana puedo preguntarle a May si su hermana realmente tenía que ir al médico —se ofreció el mayor.
Ya estaban los cuatro en la mesa.
Aidan no quería cenar, no estaba de humor para eso, pero su madre insistió con que comiera un poco aunque sea.
—¡No, no! —contestó enseguida—. Mejor dejémoslo así. Van a pensar que soy un loco que la anda persiguiendo.
—Entonces deja de ser tan duro contigo mismo y de quejarte —lo regañó su hermano.
—¡Me quejo con razón con todo lo que le deben haber dicho de mí!
—Ya basta, deja de pelear con tu hermano.
—Perdón, es que estaba tan feliz de haberla conocido, nos estábamos llevando tan bien y pasa esto —se disculpó mirando su comida y moviéndola un poco con el tenedor—. Sé que todavía no nos besamos, pero no quiero perderla. Seguramente ya sale con alguien mejor y hasta de su edad o más grande.
—Aidan, ¿quieres calmarte? —pidió suspirando y armándose de paciencia.
—¡¿Cómo rayos quieres que me calme, Randall?! ¡No sé mantener relaciones de ningún tipo, siempre reacciono mal cuando a veces cancelan, bebo, todo el mundo se distancia de mí y esperaba que Sandrine fuera la excepción!
—¿Acaso pelearon alguna vez y nunca contaste? ¿Le gritaste por teléfono ahora cuando llamó para posponer la cita? —preguntó su hermano.
—No, me supe controlar.
—Entonces come de una vez, que se te enfría —le ordenó su madre—. Darle muchas vueltas al asunto no te ayuda en nada.
Su hijo se metió un bocado a la boca y tomó agua luego de tragar.
—Un día de estos, llamas a Sandrine y planean otra cita. Sólo te canceló una vez —intervino Natasha para tratar de animarlo a pesar de saber que no le caía bien.
Aidan, quien seguía pensando igual de ella, le agradeció con una leve sonrisa, mirándola apenas, y continuó comiendo.
Al día siguiente en el trabajo, Randall no le preguntó nada a May con respecto a Sandrine como Aidan se lo había pedido, pero el menor de los dos hermanos casi tenía hartos a sus amigos mozos con que la chica que le gustaba lo debe de haber dejado por otro. Esa tarde, llamó a su casa, y Grace le dijo que se había ido a ensayar. Aidan le creyó un poco, pero volvía a llamar todos los días y para su mala suerte, a veces atendían los que no lo aceptaban y le decían que se olvidara de su hermana e hija de una vez, que la dejara en paz. A todo esto, comía poco, algo "natural" en él cuando tenía sus crisis, lo que hacía que se pusiera más irritable e insoportable, además de pálido.
Aidan estaba repartiendo los platos junto con sus compañeros antes de que abrieran. Mientras iba de una mesa a otra, las voces de los demás mozos se le hacían lejanas, y las luces del lugar se volvieron demasiado brillantes. Al volver a los estantes de donde sacaban la vajilla, de repente le temblaron los dedos, se le nubló todo y se le cayeron unas copas que interrumpieron la charla de los demás empleados mientras se desvanecía. Los que estaban cerca fueron a socorrerlo antes de que llegara al suelo. Apenas podía abrir los ojos, y caminaba con pesar mientras lo llevaban a una silla cercana. Le dieron espacio para que pudiera respirar. Nigel y May, al igual que todos, fueron a ver qué había pasado. Randall, al ver que era su hermano, se acercó.
—Tranquilo, estarás bien —le habló con suavidad estando frente a él.
En cuanto lo escuchó, Aidan lo miró apenas levantando la cabeza y tratando de distinguir quién era.
ESTÁS LEYENDO
Tu hija
General FictionAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
