Capítulo 11

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A la noche, Aidan volvió a su casa. No había nadie en el living y subió a su pieza, pero su familia había escuchado el ruido de llaves desde el patio. Clarissa decidió entrar a la casa, Randall también quería ir, pero su mamá le dijo que mejor le hablaba ella sola. Entró y subió a la pieza de Aidan. Su hijo estaba en el piso viendo sus revistas de rock y pop.

—Hola —lo saludó con seriedad.

Aidan la vio y le sonrió algo avergonzado. Luego bajó un poco la cabeza.

—Hola, ma.

Los dos se sentaron en la cama.

—Tú y yo tenemos que hablar —sentenció su madre, dejando claro que no era una invitación.

—Lo sé, perdón por irme así. Es sólo que no esperaba a Isabelle con esa noticia. Ni sé si esperaba que viniera. Pensé que me odiaba.

—¿Ella te dijo alguna vez que te odiaba?

—No —contestó mirándola.

—Sólo porque te dejó no quiere decir que te odie. En cuanto a su embarazo, lo hecho, hecho está; tienes que hacerte cargo.

—Pero, apenas tengo 18, Belle también. Mis otras ex y chicas con las que me acosté siempre abortaban. Sé que estás en contra de eso, pero no estoy listo. Sólo causo problemas, no tuve un buen padre. ¿Cómo voy a cuidarlo?

—Tú y Randall me tuvieron y tienen a mí; los cuidé a los dos, y a la vez Randall me ayudó a cuidarte. Que hayas tenido un mal padre no quiere decir que vayas a ser igual. Y en cuanto a tus actitudes, encontraremos la forma de arreglar eso en algún momento. Escucha, tu ex quiere tener a ese bebé. Sé que no te sientes listo, pero lo correcto es que te hagas cargo aunque ya no estén juntos. —Aidan hizo una mueca y miró a un costado—. No me decepciones por favor, no quiero eso de parte de ningún hijo mío. —Se levantó, se acercó a la puerta y salió.

Aidan se quedó en la pieza. Estaba pensando en cómo pudo suceder ese embarazo. Tal vez se había roto el preservativo o Isabelle se había olvidado de la pastilla. También se sentía mal por cómo la había tratado, y seguro ahora lo odiaba más que antes aunque no fuera cierto. Pensaba en llamarla antes de hacer de cenar, ¿o mejor mañana? Tal vez estaba muy enojada para atenderlo y prefería evitarlo por el bien del feto.

***

Randall estaba con Natasha caminando por una plaza. Le contaba lo de su sobrino.

—Me imagino cómo deben estar, pero entiendo que debió ser muy repentino para tu hermano.

—Mi mamá me dijo que no se siente listo. Los dos son muy jóvenes para ser padres, pero la verdad es que Belle quiere tener a ese bebé, y Aidan va a tener que hacerse cargo. No puede huir de los problemas. De todas formas, en parte estamos contentos.

—Vas a ser tío —comentó sonriendo.

—Sí —contestó con el mismo gesto.

Pasaron los días. En ese tiempo, Aidan había llamado a su ex para pedirle perdón por reaccionar mal y que esperaba que el bebé nazca bien. Isabelle se hizo la ecografía, la acompañó, y ambos les contaron a sus familias cómo iba la formación del feto.

Era sábado por la noche, Aidan iba con su hermano en bus a una discoteca donde los esperaban Natasha y los tres mozos amigos de ellos. Se fueron a la barra y pidieron unos tragos. En medio de la gente y mientras sonaba "Policy of truth" de Depeche Mode, Aidan vio a una chica rubia de pelo ondulado bailando con sus amigas y se le quedó mirando solamente a ella. Pensó en cómo acercársele.

«No, voy a esperar a que termine de bailar», pensó. Tomó su bebida mientras la seguía mirando y admirando cómo movía los brazos y la cadera. Si bien las amigas de ella también eran lindas y atractivas, su atención estaba centrada en ella, pero no se animaba a acercarse. Al cabo de unos minutos, la canción finalizó, y la chica se fue con sus amigas a la barra, a unos metros lejos de él. «Será mejor que espere a que esté sola, sino voy a quedar como un grosero si la aparto».

Sus amigos notaron que había estado mirando a alguien por mucho tiempo y decidieron intervenir.

—¡Aidan! —gritó Ethan tocándole el hombro.

—¿¿Qué??, ¿¿qué pasa?? —preguntó sobresaltado.

—Baja a la tierra —dijo Ethan.

—Perdón —dijo algo confundido.

—¿Te sientes bien? —preguntó Nick.

—Sí, estoy bien.

—¿A quién mirabas? —preguntó Randall curioso.

—¿Por qué crees que miraba a alguien? —contestó de forma evasiva.

—Te conozco, y sé que te pones así de distraído cuando miras a una chica.

—Bueno, sí, es la que está por allá —admitió y señaló disimuladamente.

—¿Es la rubia de pelo ondulado que habla muy sonriente? —preguntó Natasha.

—Sí, ella —contestó seriamente al escucharla, pero sonrojado y algo cabizbajo al mismo tiempo que veía a su chica de lado.

—No vayas a cagarla como hiciste con Belle —advirtió Frida.

—Ni siquiera me acerqué a hablarle.

—¿Por qué no vas? Aprovecha cuando no esté con las amigas —sugirió Randall.

—Eso había pensado, pero mejor no, Frida tiene razón. ¿Y si la cago otra vez? —se desanimó.

—No lo sabrás si no hablas con ella —lo animó Natasha.

—Es verdad. Eres joven; no puedes privarte de salir con alguien si te gusta—agregó su hermano—. El tímido soy yo, no tú. Aprenderás de tus errores. Sólo asegúrate de ser fiel y no estallar cuando te cancele alguna salida —aconsejó eso último con seriedad.

—Por eso es mejor no acercarme.

—Está bien, quédate solo y lamentándote toda la vida —intervino Ethan.

—No le hables así —lo defendió Randall con el ceño fruncido.

—Mierda, no sé qué hacer —se frustró y suspiró.

De repente, vio que la chica estaba quedándose sola, y que las amigas volvían a la pista. Ella se había quedado en la barra a seguir tomando su trago.

—Anda, ve ahora —le sugirió Randall dándole un leve empujón.

Aidan se armó de valor y se dirigió hasta donde estaba la chica.

—Veremos cómo resulta —comentó Natasha.

—Espero que esta vez le vaya bien —deseó Randall

—Por cierto, ¿y su hijo con Belle? —preguntó Nick.

—Al parecer lo está aceptando. El otro día fue a la ecografía —contó Randall.

Más adelante, en la barra, Aidan ya estaba al lado de la chica y le tocó el hombro. Ella lo miró y le sonrió. Aidan se sentía más atraído al verla de cerca. Le encantaba y la encontraba muy simpática.

—Hola, ¿cómo te llamas?

—Hola, soy Sandrine —se presentó la chica—. ¿Y tú?

—Me llamo Aidan. Qué bonito nombre tienes, como tú.

—Ay, gracias —sonrió Sandrine.

—Te vi hace un rato. Me gustó cómo bailabas.

—Qué amable —agradeció con una sonrisa que cautivó a Aidan—. ¿Vienes mucho acá? —preguntó por curiosidad.

—No, es la tercera vez. Fui a otras discos, pero nunca te había visto.

—Es que es mi primera vez aquí, pero fui a otras discotecas. A veces salgo con mis hermanos o, sino, con mis amigos.

—Yo con mi hermano, su novia y unos amigos. Vamos a bailar, a un bar o nos juntamos en casa de alguien —contó Aidan.

Siguieron hablando y luego fueron a la pista a bailar. Randall y los demás veían la escena con gusto.

Tu hijaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora