—¿Cómo que tienes que estudiar y no puedes ir? Estuviste estudiando estas semanas y aun así salimos —reclamó Aidan con la respiración acelerándose de a poco. Estaba en el living hablando por el teléfono a disco.
Era jueves. Él e Isabelle habían quedado en verse el fin de semana.
—Perdón, pero unos profesores nos dieron más tarea y ya no me da tiempo para casi nada.
—Puedo ir aunque sea un rato para estar contigo, te juro que no voy a molestar —rogó tratando de convencerla.
—No, Aidan, sabes que no me concentro si alguien más está en mi habitación incluso sin hacer nada.
—Estás terminando conmigo y prefieres decirme que tienes muchas cosas que hacer, ¿verdad? —supuso con la voz quebrada.
—¿De qué hablas? —preguntó frunciendo el ceño—. ¡Claro que no! ¡Si quisiera terminar contigo, te lo diría!
—¿Conociste a otro? ¿Alguien que te reclame menos?, ¿alguien responsable y no como yo que llego tarde al trabajo? ¿Decidiste dejar de perdonarme y me vas a cambiar por otro? —preguntó, incapaz de controlar el temblor en la voz.
—Aidan, deja de pensar idioteces —dijo pasándose la mano por la cara—. En serio tengo muchas cosas que hacer.
—¡No son idioteces, íbamos a salir, y me llamas para decirme que no vas! —vociferó, perdiendo la paciencia—. ¡De todas las novias que tuve eres la peor, una porquería! ¡Ningún hombre debería estar contigo, ni siquiera mereces tener amigos! —Hubo un silencio de parte de ambos. Aidan quería tragarse sus palabras—. ¿Belle, estás ahí? —preguntó en un tono más calmado, pero con un hilo de voz.
—Sí, pero ya me despido —contestó en un tono frío—. Otro día hablamos, adiós —se despidió.
—¡Belle, perdón no...!
Pero ella le había cortado sin darle oportunidad para terminar de hablar. Se le escaparon unas lágrimas. Él seguía en el sofá, quieto y con el tubo del teléfono pegado a la oreja. Lo bajó despacio y lo colocó en su lugar. Sentía un nudo en la garganta y en el estómago, mientras seguía derramando las lágrimas.
En el centro, Randall estaba con Natasha en una cafetería. Los dos charlaban mientras tomaban su té con dos pasteles.
—¿Hace cuánto trabajas de chef?
—Como 8 años. Soy de Leeds. Vine aquí para estudiar y bueno, me quedé en Mánchester. Allá también está la carrera de gastronomía, pero quise venir acá.
—¿Alguna razón? No, perdón, no quise ofender —se disculpó, cabizbajo—. «Bien hecho, ahora se la va a pasar regañándote y reclamándote, ¿no tenías más preguntas o comentarios para hacerle?»
—No, está bien, ¿por qué te disculpas? —preguntó sonriendo.
Él la miró con la boca apenas abierta.
—Por nada —contestó cabizbajo.
Natasha lo miró unos segundos, procesando su reacción.
—Está bien —aceptó ladeando la cabeza y mirando por sobre su hombro—. Y...la verdad que me gustó más el plan de estudios de aquí, y después tuve la suerte de encontrar trabajo al mes de graduarme.
—Eso es bueno. ¿Dónde primero?
—En uno de comida rápida. ¿Tú siempre trabajaste en el restaurante?
—No, en realidad no siempre trabajé de mesero. Primero empecé en una zapatería, luego en una tienda de electrodomésticos, y por último en el restaurante. Estoy ahí hace unos 5 años.
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Tu hija
Ficção GeralAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
