Aidan y su novia buscaban la casa para irse a vivir juntos. Compraron unas cosas para el bebé. Ahora él estaba en su casa, en el living y le mostraba a su mamá lo que había comprado. A ella le gustó la ropita y le decía que ya iba a hacer o comprar algo ella también. Luego le salió de vuelta con lo de Jenna, que tendría que reconocerla y decirle la verdad a Sandrine. Él le decía que no va a arriesgarse a perder a su novia, luego subió a guardar la ropa y volvió. Se echó en el sofá y miró el piso. Su mamá seguía ahí.
—Aidan, tu noviazgo no debería importarte más que tu hija. No tienes ningún derecho de rechazarla. Eso no se hace, y tampoco está bien que le sigas ocultando todo esto a Sandrine —lo retó.
—Y se lo voy a seguir ocultando —dijo mirándola—, y espero que tú, Randall y Natasha sigan callados.
—Porque eres tú el que tiene que contarle, pero a Isabelle ya le dijimos que vas a tener un hijo con Sandrine. Aidan, te estamos dando la oportunidad de que te des cuenta de tus errores, que cuando eso pase, no sea muy tarde, que pases tiempo con todos tus hijos.
—Yo...no tengo nada para decir. Ya sabes lo que pienso —finalizó y volvió a mirar para abajo.
Clarissa se quedó un rato con él y luego se fue al patio. Su hijo levantó el tubo del teléfono y llamó a casa de su novia. Le atendió Grace y le pasó con ella. Se pusieron a charlar, ella lo invitó a que fuera a su casa al otro día y él aceptó.
Al día siguiente, fue y estaban en el patio con Grace y Katrina. Aidan y Sandrine estaban sentados muy juntos.
—¿Ya pensaron algún nombre? —preguntó Katrina.
—No, pero hay mucho tiempo para pensar —contestó Sandrine riendo un poco.
—Tal vez el nombre que elegimos ahora, lo cambiamos de acá a ocho meses —opinó Aidan.
—Por lo menos creo que ya encontraron la casa —supuso Grace.
—Sí —confirmó Aidan, acariciándole el vientre a Sandrine—. Pero todavía no nos mudamos. —Puso un brazo alrededor de su novia y le dio un beso—. ¿Y su papá? —preguntó mirando a las tres.
—Tuvo que salir —contestó Sandrine.
Arriba, Spencer se asomaba por la ventana de su pieza.
—Rayos, todavía no se fue —murmuraba para sí mismo.
Sus hermanas y su mamá se percataron de que las estaba mirando y levantaron las cabezas para mirarlo. Aidan también hizo lo mismo.
—¡Hola! ¿Por qué no bajas? —lo invitó Sandrine.
—Tengo cosas que hacer —se excusó su hermano.
—Es viernes, no tienes que hacer la tarea ahora —dijo su mamá.
—Ven, amargado, así de paso Aidan no está tan solo entre tantas mujeres —bromeó Grace entre risas.
Aidan rió junto con las demás. Arriba, Spencer cerró la ventana.
—Discúlpalo, Aidan. No sé cuándo va a cambiar esa actitud —se disculpó su suegra.
—Encima cuando habla mal de ti, se hace el maduro —criticó Sandrine.
—No pasa nada —las disculpó—, pero...creo que puedo subir a hablar con él —pidió.
—Sí, adelante, estás en tu casa —le permitió Katrina.
Aidan se levantó.
—Mi vida, si te trata mal, no le des importancia, ¿sí? —le pidió su novia.
—No te preocupes. Ya vengo. —Entró a la casa, pasó por el living y subió la escalera hasta llegar a la pieza de su cuñado.
La puerta estaba algo abierta, pero igual tocó. Spencer lo vio y se levantó de la cama. Abrió la puerta y lo miró con bronca.
—¿Qué haces aquí? ¿Ahora te crees dueño de la casa y por eso entras así nomás? —dijo de manera desafiante.
—Cálmate, ¿sí? No entré sin permiso, tu mamá me dejó entrar —aclaró Aidan.
—Bueno, ve afuera de vuelta —quiso echarlo.
—¿Por qué me tratas así? ¿Qué te hice? Si es por celos, te aviso que no es necesario que te sientas así. Yo nada más quiero estar con tu hermana, no la voy a alejar de ustedes —trató de convencerlo.
—No es por eso, es porque sé que no la quieres. Te estás haciendo el bueno con ella.
—¡Sí la quiero y mucho! ¿Cuántas veces lo tengo que demostrar? —preguntó un poco harto.
—¿Y lo que les hiciste a tus otras novias?
—Eso ya pasó, la gente cambia, tienes que entender eso. No lo sé, tal vez hice todo eso porque era adolescente.
—Yo soy adolescente y nunca me porté así. Nunca jugué ni voy a jugar con los sentimientos de una chica ni de nadie.
—No me enorgullezco para nada de lo que hice. En serio, me quiero llevar bien contigo, digo, somos casi de la misma edad y no hay otro varón en tu familia además de tu papá.
—Pero tengo amigos en el colegio, así que no me haces falta.
—Bueno, podríamos llevarnos bien al menos. Estoy entrando cada vez más a la familia y hasta voy a darles otro miembro.
—Sí, pero voy a querer a mi sobrino, no a ti. Más te vale que no lo rechaces. Mi viejo tal vez te esté empezando a querer, pero yo no. Ya se te va a caer la máscara.
—No tengo nada que ocultar —mintió—, y a mis hijos no los voy a abandonar nunca. Te dejo tranquilo. —Se fue, y el otro cerró la puerta de un golpe. Aidan volvió al patio y se sentó de nuevo junto a su novia.
—No te fue bien, ¿no? —supuso Sandrine.
—No, hasta me trató de falso, pero no importa.
—Al final el inmaduro es él.
Aidan rió un poco con el comentario de su novia.
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Tu hija
Ficción GeneralAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
