Al otro día, en el restaurante, Aidan estaba sirviendo en una mesa, y Randall fue a buscarlo. Esperó a unos metros para que terminara para poder hablarle. Su hermano terminó, se dio vuelta y lo vio.
—Aidan, ven —lo llamó, y este fue hacia él.
—¿Qué pasa?
—Nigel me mandó a decirte que quiere hablar contigo —le informó—. Creo que es por lo de Sandrine.
—Ok. —Respiró hondo, tomando valor—. Ahora voy. —Se fue.
—Suerte —le deseó.
Aidan fue hasta donde estaba Nigel.
—Mi hermano dijo que quería verme.
—Sí, ven. —Se fueron a la vinoteca que estaba detrás de la caja—. Mi hija Sandrine me habló de ti, que se conocieron en una disco —introdujo una vez que llegaron—. ¿Eres tú ese Aidan del que me habló? —inquirió su jefe.
—Sí, y Randall también me dijo que usted es su papá —contestó Aidan—. Bueno, lo supone.
—Bueno, no quiero que le vuelvas a hablar, ¿me entendiste? —exigió—. Tú te podrás burlar de tu novia, ex, lo que sea, de cualquier chica. Pero a mi hija no la vas a lastimar —determinó con firmeza.
—Yo no voy a lastimarla, en serio —prometió—. Escuche, sé que me he portado mal, que fui inmaduro y hasta usted y su otra hija vieron cómo engañaba a mi ex —reconoció—. Pero voy a tratar de no cometer el mismo error con Sandrine —intentó convencerlo.
—¿Ahora me vas a decir que te enamoraste a primera vista? —se burló Nigel—. Te aviso que eso no te lo creo. Apenas se conocen, pero puedo evitar que se sigan conociendo.
—Sandrine ya está grande. Va a ser ella quien decida si estar conmigo o no de todas formas. Desde que la vi, no he dejado de pensar en ella. Ni siquiera la besé, nada más hablamos. Si la quisiera solo para lo que piensa, ya lo hubiéramos hecho. Ella me gusta de verdad, así como me gustaba Isabelle y también mis anteriores novias a pesar de lo que hice —se sinceró Aidan—. No sé por qué me porto así, pero no lo hago a propósito.
—Me contó que se dieron los teléfonos, al vicio porque ninguno va a llamar al otro. Te lo digo por última vez: aléjate de mi hija o te bajo todos los sueldos que quedan del año —lo amenazó y se fue.
—Bájemelos todo lo que quiera, no me importa —lo enfrentó. Nigel se detuvo—. No voy a alejarme de Sandrine tan fácil.
Su jefe se dio la vuelta y se acercó de nuevo.
—¿Me estás desafiando? Recuerda que soy tu jefe y que no me puedes contestar mal —le advirtió
—Nada más le digo la verdad —aclaró Aidan—, nunca le falté el respeto y nunca lo voy a hacer.
—Vuelve a tu trabajo —le ordenó sin importarle lo que le había dicho.
Aidan se retiró y en el camino se encontró con Randall. Este le preguntó cómo le fue, y le contó.
—¿La vas a llamar de todas formas?
—Claro que sí. Ya no voy a dejar que Nigel me intimide, quiero de verdad estar con su hija —se empeñó.
—Ten cuidado, sabes que Nigel cumple con lo que dice —le advirtió Randall.
—No tengas miedo, él desconfía ahora, pero ya le voy a demostrar que puedo tratar muy bien a Sandrine y que le voy a ser fiel —aseguró Aidan.
Horas después, todos se fueron para sus casas. Nigel y May hablaban mientras cerraban el lugar.
—¿Pudiste hacer que se aleje de Sandrine? —preguntó May.
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Tu hija
RandomAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
