Capítulo 25

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Aidan seguía mudo, sin decir nada, ni un sonido siquiera. Sandrine lo miraba, esperando alguna reacción, aunque notaba que estaba en shock y eso ya era algo. Aun así, quería saber si la noticia le había caído bien o no.

—¿Hace cuánto? —preguntó por fin y en voz baja.

—Después de que volvimos de vacaciones comencé a sentirme mal, luego me hice una prueba, fui al médico...y me dijo que estaba de tres semanas. Perdón, estaba tan nerviosa y hasta alterada que creo que por eso te colgaba y evitaba. Mira, si quieres, puedo abortar, sé que apenas eres un adulto y no quiero que esto...

—¿Quieres tenerlo? —la interrumpió.

Ella por unos segundos no supo qué contestar, o mejor dicho sí sabía, pero no sabía cómo.

—Sí, pero, Aidan, tú tienes 18 años. Podemos ser padres más adelante si quieres, pero ahora...

—Pero tú quieres tenerlo —insistió—. No quiero que abortes. Yo voy a estar contigo y el bebé, ¿sí? —Sandrine no pudo evitar sonreír, y ambos se volvieron a abrazar—. No sé cómo, pero voy a ser un buen padre.

—Lo harás bien; no tienes por qué heredarlo.

Su novio la tenía abrazada y la acariciaba mientras pensaba en todo lo que se le vendría.

***

Al volver a casa, Aidan le dio la noticia a su familia, y quedaron impactados.

—Digan algo, no sean como yo. Sé que soy muy joven y estoy evitando a mi hija con Isabelle, pero voy a hacer lo que pueda aunque no esté en condiciones.

Clarissa decidió finalmente ir a abrazarlo. Luego se apartó un poco.

—¡Te felicito, es lo único que puedo decir! —expresó su mamá mientras lo tenía agarrado de los brazos.

Luego se acercó Randall a abrazarlo.

—Nos da mucho gusto por ti y Sandrine.

—Gracias.

***

—Qué bueno que Aidan haya aceptado ser el padre —celebró Katrina.

—Y sino, estamos los tíos y los abuelos para malcriarlo —dijo May refiriéndose a su futuro sobrino.

Sandrine decidió ignorar la intención de ese comentario por su bien; no estaba en condiciones de alterarse.

—Yo lo voy a malcriar más —competía Grace en broma, cosa que hizo reír a su hermana embarazada.

—Dejen algo para mí —pidió Spencer entre risas leves.

—Calma, ya nos lo repartiremos —dijo Nigel.

Al otro día, en el trabajo, el señor Ellsworth estaba hablando con su yerno para felicitarlo.

—Gracias, qué bueno que le gusta la idea de ser abuelo.

—¿A quién no? Pero me sorprende que tú, siendo tan joven, quieras tener tanta responsabilidad.

—Quedé en shock cuando Sandrine me dijo. Sé que, aunque tengo 18, soy muy joven e inmaduro para tener hijos, pero creo que podré con esto. Ella quiere tenerlo, yo no puedo privarla de eso.

—Confiamos en que vas a estar siempre como padre y marido. Por cierto, planeábamos hacer un festejo con mi familia y la tuya en mi casa. Será este viernes a la noche. Esperamos que puedan asistir

—Ah, bueno, gracias. Les avisaré y estoy seguro de que irán —aceptó con una sonrisa—. Permiso. —Dio media vuelta para irse.

—Espera —lo llamó, deteniendo el paso de su empleado.

Tu hijaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora