Capítulo 25

52 4 25
                                        

Diciembre.

Isabelle estaba en su casa y de repente sintió las contracciones. Sus padres la llevaron al hospital. Ya ahí, estaban en la sala de espera y el papá de Isabelle se acercó a un teléfono para llamar a casa de Aidan y avisar. En lo de Aidan, también estaba Natasha. Atendió Randall y luego este le avisó a su novia y a su familia. Clarissa y Natasha se pusieron muy ansiosas al igual que Randall. Aidan no pudo evitar sonreír, pero aun así mantenía firme su decisión de no ir. Su familia y cuñada trataban de convencerlo de que los acompañara, pero les volvía a decir que no.

—¡¿No te das cuenta de lo cruel que estás siendo?!

—¡Y tú no sabes lo que me duele no ir a conocer a mi hija! ¡No lo entiendes!

—¡No vas porque eres un egoísta!

—Randall, no le sigas la corriente —intervino su novia.

—¿Tú qué te metes? ¡No es asunto tuyo, ni eres de la familia!

—¡No le hables así!

—¡Paren de pelear los dos! —los regañó su mamá luego de anotar algo en otro papel—. Está bien, Aidan, no vamos a insistirte más por ahora —dijo y le dio el papel—, pero esta es la dirección del hospital por si quieres ir.

Su hijo menor agarró el papel, lo leyó, los miró y luego miró a un costado abajo.

—Que les vaya bien.

Ellos se fueron, y él se sentó en el sofá a pensar.

***

Randall y los demás llegaron al hospital y en recepción les dijeron donde estaba la habitación de Isabelle Evans. Cada uno tenía a Jenna en brazos. Ahora la tenía Randall. Natasha estaba a su lado.

—Ay, falto yo de cargarla —pidió Natasha.

—Usted espere, que estoy mimando a mi sobrina —bromeó Randall.

—No se peleen —dijo Isabelle entre risas—. Mi hija va a ser muy mimada por todos.

—Es que es muy linda —expresó Clarissa con una sonrisa.

Randall se la pasó a su novia.

—¿Y Aidan? ¿Ni pensó en venir? —reclamó Richard.

—No, de vuelta intentamos convencerlo, pero no hubo caso —contestó Randall.

—Algún día va a tener que reconocerla y llevar a cabo su rol de padre con Jenna, no solamente con sus otros hijos —enfatizó Elena—. Mi nieta no va a recordar los regalos.

—Yo sé que va a cambiar —dijo Clarissa esperanzada.

—Yo también —agregó Randall.

—Pero nosotros la vamos a visitar mucho —dijo Clarissa sonriendo y le dio un beso en la cabecita mientras Natasha la seguía teniendo en brazos.

—Pueden ir a casa las veces que quieran —avisó Elena.

—Y Aidan puede reconocer a Jenna cuando él quiera —agregó Isabelle—. Si decide un día ir a casa, no importa cuántos años tenga ya, no le voy a prohibir la entrada. Y también espero que mi hija conozca a su hermano y se lleve bien con él o ella.

—Ojalá tu hija salga a ti —deseó su excuñado.

Había pasado media hora desde que su madre y el resto de la familia se habían ido. Aidan no dejaba de pensar, de caminar de un lado a otro y de mirar el papel. Quería ir, pero no sabía si hacerlo. ¿Y si Sandrine se enteraba? ¿Y si lo dejaba si se enteraba? ¿Y si le decían que se fuera una vez que llegara al hospital? Agarró tres veces el tubo del teléfono para llamar un taxi, pero se arrepentía antes de discar o de terminar de hacerlo, hasta que finalmente se decidió a llamar al taxi. Unos minutos después el auto llegó, salió de la casa, subió al auto y fue rumbo al hospital.

Tu hijaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora