Randall y su novia seguían saliendo. Natasha lo visitaba muy seguido, y él también iba a su casa solo o con su familia. Aidan, por lo general, no iba. No podía dejar de desconfiar de su cuñada y prefería ser distante con ella. Sólo iba un par de veces si su familia lograba convencerlo. Al mismo tiempo, buscaba algún psicólogo que le ayudara a saber por qué actuaba así, si tenía solución controlar sus impulsos. Pudo conseguir turno con uno, pero fue una decepción. El terapeuta lo presionaba para que hablara, y cuando lo hacía, este invalidaba sus emociones diciéndole que exageraba todo. Aidan se fue a mitad de la sesión muy enojado y al llegar a casa, pasó directamente a su habitación sin saludar a nadie. Clarissa subió a preguntarle qué había pasado con la terapia.
—No te desanimes; tienes que seguir buscando. Seguro encontrarás a alguien que te atienda bien.
—Espero encontrarlo pronto, pero por ahora no quiero buscar más.
—Está bien. Oye, ¿no quieres bajar un rato?
—No, no quiero estar cerca de mi cuñada.
—Deja de ser así, de evitarla tanto. Si te disculpaste, deberías tratar de llevarte bien con ella.
—Sí, me disculpé, pero también le dije que la veré cómo cuñada y nada más, que no quiero ser su amigo. —Una vez que dijo eso, se acostó y se puso de espaldas.
Su mamá suspiró frustrada y se fue.
***
Natasha ya tenía que irse, la acompañaron afuera y vieron llegar a Isabelle. Estaban en la cerca, la cual estaba cerrada.
—¿Aquella es Isabelle? —preguntó Clarissa entrecerrando un poco los ojos.
—Sí, hacía bastante que no la veíamos —contestó Randall.
Isabelle llegó a la casa.
—Hola —saludó Isabelle.
—Hola —le contestaron los tres.
—Tanto tiempo. ¿Cómo estás? —preguntó Randall sonriendo.
—Bien. —Ve que Randall y Natasha estaban tomados de la mano—. Randall, veo que andas acompañado. No me habías contado.
—Así es, al fin —confirmó riendo levemente. Puso un brazo alrededor de la espalda de su novia—. Ella es mi novia Natasha —la presentó.
—Un gusto —dijo Natasha cortés y tímidamente.
—Igualmente. Me alegro por ustedes dos —los felicitó.
Natasha le sonrió.
—Bueno, ya me voy —se despidió Natasha.
—Te abro —se ofreció Randall y le abrió la reja.
Natasha se despidió de Isabelle y de Clarissa, y le dio un beso a su novio. Se fue finalmente.
—Estee...quería saber si está Aidan.
—Sí, está adentro —dijo Clarissa.
—Tengo que hablar con él.
La invitaron a pasar a pesar de no saber de qué tenía que hablar con Aidan, y ella accedió. Entraron a la casa y lo vieron bajar la escalera. Quedó con los ojos bien abiertos al verla; no esperaba que fuera a su casa.
—Belle, pero, pensé que ya no me querías. Pasaron ya más de dos meses y como que ya te estaba superando.
—No vengo a reconciliarme contigo —contestó de manera brusca y fría.
—Los dejamos solos —dijo su exsuegra.
—No, quédense —la detuvo, levantando la mano a un costado—, que usted y Randall también tienen que saber. Tengo ocho semanas de embarazo —soltó.
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Tu hija
RomanceAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
