Impulsiva, problemática y cabezota.
Una chica con un pasado difícil, el culpable de su mal humor.
Ashley Jones conocerá a alguien que va a complicar aún más su vida. Alguien con un caracter parecido al suyo.
Los polos opuestos se atraen. Pero ... ¿...
Le sonreí de vuelta, demasiado nerviosa, y volví a girarme hacia Lauren.
-¿Qué haces? ¡Ve a hablarle! -dijo mi amiga.
Negué rápido con la cabeza.
-¿Pero qué...? Ashley. -cogió mis mejillas con sus manos. -Tú no te achantas a cualquier situación, va, háblale.
Cogí aire.
-Necesito otra copa. -le dije.
Los tres volvimos a la barra, me acabé lo poco que quedaba de mi copa y pedimos otra.
Esa chica era imponente. Su pelo era lacio y plateado, su piel blanca y brillante, tenía unos ojos azules que podían poner nerviosa a cualquiera y unos labios que... madre mía.
Además, su estilo era increible.
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¿Cómo va a fijarse en mi una chica así?
-A ver, no voy a ir a hablarle así de repente. -le dije a mis amigos, luego le di un largo trago a mi copa.
-A lo mejor no tienes que ir a hablarle tú. -dijo Justin haciendo un gesto con su cabeza.
Me senté en el asiento de la barra, entendía los gestos de Justin a la perfección y me puse nerviosa de repente. Si es lo que creo que es...
-Un tequila por favor. -dijo alguien detrás de mi.
Me giré para coger la copa que dejé en la barra y por mi vista periférica la vi. Disimulé y volví a girarme con mi copa entre las manos. Busqué a mis amigos, pero como era de esperar... no estaban.
-¿Quieres uno? -dijo con esa voz tan sexy. Me dió un toque en el hombro.
Me giré hacia ella.
-Eh... acabo de beberme uno, pero vale. -sonreí coqueta.
No te dejes intimidar tan fácil, Ashley. Tú puedes. Me sonrió de vuelta y pidió un segundo tequila.
-Gracias. -dije bebiendo de mi copa.
La miré y me miró. Aproveché para intimidarla yo también y la repasé con la mirada. Vestía unos pantalones negros holgados, una sudadera roja con varios colgantes sobresaliendo y un gorro negro con letras rojas.
Uf...
Se removió nerviosa en su asiento.
-¿Eres de por aquí? -preguntó.
-Sí, ¿y tu? -contesté.
Dirigió su mirada a la camarera que nos sirvió los tequilas. Pagó y me tendió uno. Chocamos los vasitos y nos lo bebimos de un trago.