Capítulo veintiuno

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— ¡Que la saques dije!

— ¡Pero si no voy a moverme!

— ¡Que la saques! ¡Me duele!

— Joder. Espera.

— Serás bestia.

— Esto pasa porque has tenido novios de pollas pequeñas —alegó sentándose con los brazos cruzados.

— No, esto pasa porque esa cosa es un monstruo. ¿No hay cirugías para acortarlas? —Su mirada fue de puro horror cuando le dije aquello.

— Serás tú la bestia —chilló cubriéndose con una almohada.

— Bestia tú y... esa cosa gigante —me crucé de brazos también. Jackson tosió, me cubrí la boca con disimulo sin poder evitar soltar una risita. Pronto estuvimos carcajeándonos mientras nos mirábamos con diversión.

— Vamos, que no hace daño.

— ¿Qué tipo de mujeres son las que estuvieron antes contigo? Mis caderas son demasiado estrechas —me quejé mientras me tendía en la cama y le permitía cernirse sobre mí para besar mis muslos y seguir un recorrido peligroso.

— Pues... no recuerdo cuál fue la última.

— Mi hermanastra —rugí cerrando los ojos con molestia mientras su lengua comenzaba un juego peligroso.

— No, jamás pasamos a más —dijo y besó mi entrepierna, apreté los párpados.

— Qué consuelo —susurré con frustración, sin embargo, esta desapareció pronto cuando su lengua recorrió toda la extensión de mi sexo recogiendo cada extracto de mi humedad. Posé la mano en su nuca mientras chupaba y besaba en distintos lugares.

— Lo digo enserio —dijo, pero lo empujé a seguir. Arqueé la espalda cuando sus manos sujetaron mis glúteos y levantó un poco mis caderas para seguir torturándome, sus dedos se unieron al juego—. Tal vez no sea buen momento, pero debería decirte que, desde que siento algo por ti no tengo sexo porque termino diciendo tu nombre.

Se me escapó un pequeño gemido mientras sus dedos entraban y salían con lentitud. Encontré su mirada curiosa.

— No puede ser, ¿eres sado o algo así?

— ¡¿Qué dices?! —le pateé el hombro, sumó un dedo y giré la cabeza cerrando fuertemente los ojos.

— Mira cómo te pones cuando digo cosas sucias —dijo vacilonamente. Esos tres dedos entraban y salían cada vez más rápido, tanto que comencé a perder la cordura—. Admite que te gusta oír guarradas durante el sexo —susurró contra mi oreja mientras el movimiento de sus dedos iba haciéndome perder el control.

Gimoteé al sentir su lengua en mi cuello, llevé las manos a su ancha espalda y hundí los dedos allí, encontrándome con músculos que se contraían una y otra vez.

— Vamos a probar —ronroneó mordisqueando mi oreja. Sus dedos dejaron mi interior para estimularme desde fuera, agité las caderas necesitando más. Y fue lo que me dio.

Su maldita bestia comenzó a introducirse en mí y no podía ser más doloroso y excitante.

— ¿Qué quieres que te diga? —Jack sujetó mi mandíbula para hacerme verlo de frente, su pulgar se deslizó por mi labio inferior justo antes de que se inclinara y lo chupara—. ¿Quieres que te diga lo mucho que me encantaste cuando te vi por primera vez? ¿O lo bien que te veías en ese trajecito escandaloso de mesera?

— Jack... —estiré el cuello al arquear la espalda, gemí del dolor cuando sus caderas chocaron contra las mías, ya estaba dentro, estaba completamente dentro.

El piso 17Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora