Nunca tuve un sueño como este, fue casi una pesadilla. El sol que se colaba por mi ventana me hizo despertar, me sentía con mucha energía, pero con dudas de que quería decir ese sueño.
No encontraba manera de interpretarlo.
Al final, fue sólo un sueño, cálmate, Lauti. Me dije.
Me levanté, y me dirigí a la cocina para preparar mi desayuno, creo que un jugo de naranja me caería bien, estando sentado pensaba en qué pasaría si algo como eso ocurriera de verdad.
De repente sonó mi teléfono, era Martín.
Tal vez me invitaría a una cerveza después del trabajo, solíamos visitar una cervecería artesanal cerca de su casa, sabía que me encantaba y hablábamos de todo un poco, por ejemplo, siempre recordábamos la vez que veníamos de visitar a su familia en un pueblo cercano a la ciudad donde vivimos y subiendo al colectivo la suela de mi zapato derecho se desprendió por completo como si nunca hubiera estado pegada de verdad, cayó en el asfalto y yo me di cuenta cuando el conductor había acelerado y no se detendría sino a un kilómetro que era donde estaba la siguiente parada, Martín no paraba de burlarse y yo no podía entender como se había desprendido la suela de mi zapato sin sentir absolutamente nada.
Contesté el teléfono, no estaba equivocado, me estaba invitando a un cumpleaños, pero como había mencionado anteriormente, mi destino era un maldito sádico, era la celebración de las veintinueve vueltas al sol de Abigaíl, pero esta vez ya no era un sueño, yo no sabía cómo evadir su invitación que era en dos días, tampoco tenía muchas opciones, sólo había sido un sueño y no tenía por qué sentirme incómodo, accedí como casi siempre a una invitación más de Martín.
Llegó el sábado del cumpleaños de Abigaíl, no me dio tiempo siquiera a que mi moralismo olvidara el sueño. Pasamos por un pastel, nos encontramos con Sergio y nos dirigimos a la casa de Abigaíl.
Al entrar sentí un poco de pánico por lo real que había sido, fue como un deja vu, totalmente.
Ella estaba esperándonos con la mesa repleta de una infinidad de trozos de cualquier cosa hecha de harina de trigo para picar.
Tenía un vestido azúl que estaba unos diez centímetros por encima de las rodillas que tuve mucho deseo de tocar en esa realidad paralela hace dos días.
La espalda que besé en el sueño se dejaba ver mostrando ese tono de piel que de repente comenzaba a hacerme recordar todo lo que pasó, pero esta vez no había manera de que nada ocurriera, éramos cuatro amigos y solo íbamos a celebrar el cumpleaños de la ex de mi mejor amigo.
La noche transcurría de manera normal, unas copas de Merlot, risas, anécdotas.
Entre tanto, ya se había terminado el vino, estábamos pasando un buen rato, no estaría mal que saliéramos por algo más de vino. Sergio se ofreció a ir y Martín le dijo que lo acompañaría.
—Te encargo a la mujer de azúl, está ebria— me dijo riendo Martín.
Reímos todos y salieron.
La venta de licor más cercana abierta estaba a unos veinte minutos.
Lo que no me imaginé, sucedió, quedé solo con la mujer que había puesto en la basura mi discurso sobre la lealtad en ese sueño. Actué de manera natural.
—Se nos caen los treinta encima y no nos damos cuenta— dije para crear un tema.
—Es algo que no tiene importancia, el calendario no se detiene ni lo podemos detener nosotros, así que no queda más que seguir disfrutando del viaje— sonrió.
¿Por qué la veía de manera sexual ahora?
Quería abalanzarme sobre ella y morder la manzana, esta vez en serio.
Todo estaba en su lugar, la banqueta, el sillón, la alfombra, ya no habían tantas ganas de serle fiel a la relación que había entre Martín y yo, después de lo que me había dicho en el sueño Abigaíl.
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DESNUDO (En proceso)
RomanceLautaro, es un chico moralista que tiene un sueño erótico con Abigaíl, la ex de su mejor amigo. El universo conspira para que se encuentre con ella en una situación que lo hará dudar de la lealtad hacia su amigo Martín, y hará que deje su moralismo...
