-Toma asiento- dije cerrando la puerta de mi departamento.
-Si tienes vino, ya sabes que hacer, sauvignon, por favor-.
Serví dos copas de vino, me senté a su lado y esperé el momento exacto para preguntarle si estaba dispuesta.
-¿Por qué te gustan tanto los girasoles?- pregunté.
-Me gustan porque su color oscuro del centro es como la fuente de vida que los pétalos no quieren soltar, básicamente o científicamente es eso, no estoy segura, pero creo que ese enorme botón tampoco quiere soltar a sus pétalos- continuó Julieta, mirando su copa. -Las flores se marchitan cuando les arrancan los pétalos, ya no hay razón para seguir vivas, creo que si yo fuera una flor, sería un girasol, porque yo era quien sostenía a Santi, me lo arrancaron y yo ya no quiero ser- concluyó con una sonrisa y tomando un trago grande de su copa.
-Yo te quiero como un girasol, pero en otro sentido- le dije.
-¿Cómo sería un girasol en otro sentido?- replicó.
-Los girasoles son las flores sumisas del Sol, giran a lo largo del día siguiendo la posición de su amo, sin perderlo de vista, como siguiendo una órden, y así todos los días-. Cerré.
-¿Quieres que sea tu sumisa? O ¿tu sol?- preguntó levantando su ceja izquierda.
-Mi sumisa-.
Lo había captado tan rápido que no supe por donde empezar, tomé un trago de vino para acabar mi copa y le dije exactamente lo que me dijo Abigaíl, sus códigos, "pluma, hoja y roca".
Aceptó los códigos que le dicté y de inmediato como si hubiera sido sumisa toda su vida, se arrodilló ante mí.
-Soy suya entera, señor-.
Le pedí que me siguiera, manteniendo un metro de distancia por detrás de mí.
Dentro de la habitación tenía preparada una mesa con los instrumentos, más vino y en la cama los rollos de cuerda.
La bala vibradora entraba en juego, la encendí, estando por detrás de Julieta puse mi mano izquierda en su hombro mientras sostenía el aparato con mi mano derecha. Sonrió mirándome de reojo.
Con dos golpes leves al interior del triángulo que hacían sus piernas, las abrí más e introduje la bala que haría temblar sus piernas por largo rato.
-Extiende tus brazos, Julieta-.
Con el rollo de cuerda más corto le di cuatro vueltas alrededor de sus antebrazos que se mantenían unidos y extendidos para mi deleite, luego pasé la cuerda dando dos vueltas por el pequeño espacio entre sus antebrazos que apenas se podían separar. Hice un poco de esfuerzo para hacer pasar la cuerda, entonces lo logré haciendo una especie de nudo en forma de cruz.
Pasar la cuerda de manera forzosa había ocasionado que su piel se enrojeciera en esa zona.
Con los dos metros de cuerda que sobraban después del nudo, halé, dando dos vueltas en su cuello y haciendo que sus manos atadas chocaran con sus senos que eran como punta de un volcán con los pezones muy duros.
Aseguré el nudo.
Ahora Julieta estaba como mis deseos lo exigían, atada.
Con una pequeña navaja, rasgué su vestido desde la parte alta de su espalda hasta abrirlo por completo, gimió.
La bala vibradora no paraba de dar placer.
-Estoy muy mojada, señor- continuó -siento como mi jugo corre entre mis piernas-.
-¿Objeto?-. Pregunté.
-Es una maldita pluma, señor-. Dijo luchando para mantenerse de pié mientras temblaban sus piernas. Bambi.
Tomé la fusta corta y no me pude resistir a azotar las puntas de sus hermosos pechos blancos.
Pasé la fusta acariciando sus hombros.
-Lámela- una órden.
Julieta pasó su lengua por el cuero de mi fusta y terminando de lubricar con su saliva a la misma, le di un leve azote a la altura de su mandíbula, de ambos lados, empezaba a tomar el color deseado.
-Mira lo que ocasionas-. Dije sacando mi miembro a través de la cremallera. -Tu castigo por eso serán cinco azotes en cada punta-. Cerré.
-Lo merezco, señor mío-.
Tomé muy firme la fusta y azoté dos veces el pezón izquierdo y dos veces el derecho. Lamí con lujuria sus senos, sentirlos en mi boca tan duros como estaban, me hacían soltar gemidos de éxtasis.
Con sus pezones mojados azoté tres veces más a cada uno.
Julieta seguía con sus piernas apenas sosteniéndola.
Tomé las diminutas pinzas y coloqué una en cada pezón, creo que los orgasmos que estaba teniendo Julieta le hacían olvidar el dolor que había en sus pechos. Yo lo disfrutaba, hacerlo me llenaba, saciaba mis instintos.
Serví una copa de vino, le di un sorbo a Julieta y tomé otro yo, el restante lo vacíe desde su boca y lo vi escurrirse por todo su cuerpo.
Eran los tonos perfectos, el vino y su piel. Besé su boca mordiendo muy fuerte su labio inferior hasta provocar que sangrara, sin preguntarle mencionó que mantenía el código en pluma.
Besando su cuello comencé a masturbarla mientras ella llenaba la habitación de gemidos que eran casi gritos, algunos se ahogaban en su garganta de tanto placer que había en su cuerpo. Saqué la bala que no paraba de vibrar y con ella se venía un orgasmo a chorros que bañaba el suelo y mis manos.
Sus piernas temblaban mientras el delineador corría por sus mejillas.
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DESNUDO (En proceso)
RomanceLautaro, es un chico moralista que tiene un sueño erótico con Abigaíl, la ex de su mejor amigo. El universo conspira para que se encuentre con ella en una situación que lo hará dudar de la lealtad hacia su amigo Martín, y hará que deje su moralismo...
