Capítulo 25

104 10 5
                                        

Entramos al departamento de Julieta y el mastodonte violador estaba inmovil tirado en el piso. Ella lo miraba con desprecio, aun muerto.

Comenzamos a buscar una manera silenciosa de cortarlo en partes, tuve que sobreponerme por encima de mis nervios y mi asco, pero al aceptar ayudarla no tenía más que hacer, que deshacerme del cuerpo con la ayuda de Julieta.

Con dos cuchillos grandes de cocina empezamos con la tarea, la mejor forma de picar, era clavando la punta del cuchillo en las articulaciones y cortando los tendones, así evitaríamos tocar los huesos y podíamos desprender cada parte separando las articulaciones de manera silenciosa.

Me encargué de la cabeza y la sangre comenzaba a correr, me arqueé casi vomitando, pero pude controlarlo. Seguimos los pasos de nuestra teoría y lo dejamos en trozos.

Como picar un pollo.

El próximo paso fue meter pedazos en bolsas negras de basura divididos en partes que entraran en una mochila y una maleta.

Logramos que entrara y salimos de madrugada a tirar el cadáver descuartizado al río que cruza la ciudad, pero en el centro, a la orilla del río, había una fábrica abandonada tapada por la maleza que nos facilitaría despojarnos del crimen.

Saliendo del edificio con la maleta y la mochila llena de muerte, el guardia de seguridad por cortesía o por curiosidad preguntó.

-¿De viaje?-.

-Sí- dijo Julieta nerviosa al mismo tiempo que yo decía que no, con la voz temblorosa.

-No, sólo vamos a pasar unos días en casa de una amiga nuestra-. Dije haciendo una leve inclinación de cabeza para despedirme.

-Su amigo, el que la estuvo buscando todos estos días, lo vi entrar detrás de usted. ¿Quedó adentro cuidando su departamento?- le preguntó el guardia a Julieta.

Interrumpí respondiendo que ya él había salido y tomando de un brazo a Julieta salimos por la puerta, liberándonos del bombardeo del guardia.

Logramos llegar al sitio donde dejaríamos los pedazos de Guido y desde el puente escondido en la maleza, dejamos caer la maleta y la mochila.

Desgraciadamente calculamos mal y no cayó dentro del agua, sino en la orilla.

-Podrían descubrir esto, deberíamos quemarlo- dijo Julieta mordiéndose las uñas.

Volvimos de inmediato al auto a buscar un poco de gasolina y unos cerillos.

Bajamos abriéndonos paso entre los matorrales, juntamos hojas secas haciendo una montaña sobre los contenedores de tela y plástico, y rápidamente el fuego se encargó de todo. No había nadie cerca que se percatara del olor a carne asada por la distancia entre la calle y la orilla del río.

El próximo paso era dejar la sala pulcra, sin un rastro de sangre, salvándonos de sospechas. Al ser un edificio antiguo donde vivía Julieta, no habían cámaras de vigilancia.

-Debes mudarte de acá- le dije.

-No, debo encontrar a mi hijo. Quién sabe donde lo dejó, si en Montevideo o lo trajo con él a Quito-.

Limpiando el desastre de sangre, alguien tocó la puerta, nos miramos y decidí abrir yo, sin quitar el seguro de cadena abrí un poco. Seguramente era el guardia viniendo a preguntar si habíamos cancelado nuestra visita a casa de la supuesta amiga para tener en cuenta que el departamento no estaría solo, pero no.

-Policía Nacional, ¿es ésta la vivienda de la señorita Julieta Almodóvar?- dijo el oficial.

Mi cara pasó a ser blanca como un papel, los nervios me dejaron inmovil.

-Señor, ¿se encuentra bien?- insistió el oficial.

-Si, dígame- dije casi temblando de terror.

-¿Es ésta la vivienda de la señorita Julieta Almodóvar?- repitió.

-Si, pero no se encuentra-.

Me volvió el alma al cuerpo cuando el oficial me entregó un papel con una foto indicándome que estaban visitando casa por casa en la zona, preguntando si alguien tenía información sobre un anciano desaparecido.

DESNUDO (En proceso)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora