Al día siguiente, decidimos que lo mejor era que se quedara en casa de Bianca, una amiga que Julieta había conocido cuando llegó a Quito.
Llamamos y como era de esperarse, Bianca entendió y antes de irme a la oficina, llevé a Julieta a casa de su amiga.
Estaba a un día de la cita.
Llamé a Martín para saber cómo marchaba su plan.
Lo había conseguido, todo como se planeó, Abigaíl aceptó ir a casa de Martín y a mi los nervios me atacaban.
—Tú sólo sígueme la corriente—. Me dijo con emoción Martín —la cité a las nueve de la noche, te espero a tí a las siete— colgó.
A pesar del día que me tocaba al amanecer no dejaba de pensar en el bienestar de Julieta, mi Venus.
También me preocupaba dónde pudiera estar Santiago, no tenía la culpa del padre que le tocó ni de las desgracias por las que pasó su madre.
Salió el sol y nuestro día había llegado, hoy era mi oportunidad de salir del hoyo psicológico en el que me había lanzado Abigaíl, no tenía idea si después de todo iba a poder dormir tranquilo, pero ella se merecía cuales fueran las cosas que le haría esa noche.
Al llegar a casa de Martín, abrió la puerta y me hizo entrar casi empujándome y cerrando la puerta muy rápido.
—Lo tengo todo, como me contaste que te folló, pero tres veces peor—. Dijo tomando de su vaso de whisky.
—¿Dónde será la función?— pregunté.
—Un lugar que ella conoce muy bien, el sótano. Ahí hacíamos nuestras cosas de noviecitos enamorados, hay de todo. Sígueme— agregó.
Lo seguí, abrió la puerta del sótano. Bajando las escaleras se encendía una luz de un rojo intenso.
—Éste es mi santuario— dijo estirando su brazo y llevándolo de un lado a otro para mostrarme todo.
Cadenas de varios tamaños y grosores, rollos de cuerdas, ocho fustas, tres látigos (uno con tachuelas en la punta), esposas, muñequeras de cuero con pequeños candados, una cama de sábanas rojas, velas, dos tablas delgadas de aproximadamente tres centímetros de ancho por cincuenta de largo, dos arnés de cuero con uniones de metal, pinzas, dildos, vibradores, absolutamente todo lo que necesita un "torturador", como un asesino con todos los juguetes para disfrutar de su víctima.
Lo más sorprendente fue un aparato en forma de camilla que reposaba al fondo del sótano, parecía una camilla convencional con adaptaciones de hierro a los costados que la hacían semejante a una cruz con poleas al final del metal, a la altura de donde deberían ir las muñecas, estaban dos anillas de metal que se podían abrir y cerrar, con un seguro de pasador.
Después de ver todo esto, no cabía la menor duda de que Martín y abigaíl siempre practicaron esto.
—¿Desde cuándo lo haces?— pregunté asombrado.
—Abigaíl fue mi sumisa los siete años que estuvimos juntos. Lo que te hizo, sé que lo hizo por resentimiento, obviamente no podía hacerlo con su señor, por eso decidió ir por su amigo.
Te vio tan vulnerable y fácil que no fue trabajoso convencerte, así que hoy la castigaré por todo lo que hizo— cerró.
Todo estaba como mi sed lo merecía, no iba a perder la oportunidad de verla quejarse de dolor, ésta era la noche en que la venganza me sabía al más delicioso Merlot.
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DESNUDO (En proceso)
RomantikLautaro, es un chico moralista que tiene un sueño erótico con Abigaíl, la ex de su mejor amigo. El universo conspira para que se encuentre con ella en una situación que lo hará dudar de la lealtad hacia su amigo Martín, y hará que deje su moralismo...
