Hablamos de cualquier cosa, ese vestido se caía al suelo cada vez que yo la miraba y su escote me provocaba muchísimo.
—Nunca te conocí una novia, hombre.
¿Será que no te gustan? — dijo a carcajada mientras se sentaba al otro extremo del sofá en el que estaba yo.
—Claro que me gustan, sólo que siempre es pecado tocar a las que me atraen, son casadas o son imposibles— reviré.
—No hay imposibles, Lautaro, sucede que siempre has sido tímido y muy tranquilo. A las mujeres nos gustan los hombres seguros, que nos tomen de la mano con firmeza y que nos miren de la misma forma. ¿te gusta alguien?— agregó.
—No puede gustarme esa persona, despertó algo en mi que no puedo explicarte, pasa que no sé si lanzarme porque puede que esté mal si lo hago—.
—Hazlo, eres muy atractivo, solo que muy pasivo, cuando la veas, bésala, estoy segura de que no te rechazará— cerró.
¿Me estaba queriendo decir algo?
¿Se percató de que era ella?
Comencé a sudar un poco, la tomé de la mano y le agradecí sus palabras, y me fui acercando poco a poco, habíamos tomado lo suficiente, si la besaba y ella me correspondía saldría del montón de dudas que habían en mi cabeza. Ella se dejó llevar y mis labios chocaron con los suyos, ella se quedó paralizada pero no se apartó y yo seguí besándola hasta que me besó también, Martín y Sergio aún tardarían unos treinta minutos en regresar, puse mi mano en su barbilla y me fui acercando más, mi mano estaba tocando su pierna, la bajé hasta su rodilla y luego fui subiendo hasta encontrarme con su lencería de encaje, estaba empapada, la hice a un lado y comencé a masturbar su clítoris, ella inclinó su cabeza y yo besé su cuello, su respiración se aceleraba y mi lengua ya estaba pasando de su cuello a la clavícula, mi mano estaba debajo de su vestido.
—Si vamos a hacerlo, debe ser a tu manera, Lautaro— dije para mis adentros.
Tomé su tanga de cada lado, ella levantó sus nalgas para que la bajara, de inmediato ya estaba con mi cara entre sus labios saboreando el néctar de su vagina, mi lengua subía y bajaba muy suave, sus piernas estaban sobre mis hombros y mis manos en sus senos con pezones como piedras, la tomé de la mano y la puse de espalda con sus rodillas apoyadas en el sofá y sus manos en la pared, subí su vestido hasta la espalda y azoté su nalga derecha, me miró y sonrió con picardía, la segunda fue un poco más fuerte, seguida de un lametón en el cuello y besando sus hombros introduje dos dedos en su humedad, fue un gemido que me terminó de poner muy duro, seguí entrando y saliendo de su vagina con mis dedos mientras besaba su espalda, su orgasmo era cuestión de segundos.
Así fue como se cumplió la profecía.
Ella regresó a mirarme, se sentó y quedó frente a mi miembro en erección, nos miramos, los dos sabíamos que era justo que se lo llevara a la boca.
Miró mi pantalón y se acercó, lo mordió por encima mientras me veía, bajó la cremallera y sacó lo que estaba ahí, podía tomarlo con las dos manos, el grosor perfecto para su boca, parecía como que lo medía con la mirada, se abalanzó hacia él y comenzó a besar el glande, su lengua lo envolvía y luego lo desapareció metiéndolo por completo, salía su saliva al rededor de mi erección y eso me excitaba mucho más, me exprimió y tragó todo lo que había salido, ella y yo sabíamos que no sería nuestro último encuentro.
—No pienses en Martín— me dijo mientras nos arreglábamos y poníamos todo en orden.
Era imposible no pensar en Martín, pero si lo analizaba, ella y yo sólo queríamos desnudarnos, no había amor en el medio y Abigaíl era muy independiente y no tenía nada que ver con él.
Por otra parte, estaba fallando a ciertos códigos entre Martín y yo, pero por ahora él no se iba a enterar.
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DESNUDO (En proceso)
RomanceLautaro, es un chico moralista que tiene un sueño erótico con Abigaíl, la ex de su mejor amigo. El universo conspira para que se encuentre con ella en una situación que lo hará dudar de la lealtad hacia su amigo Martín, y hará que deje su moralismo...
