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— Hay cosas que vale la pena proteger. —El viento meció el largo de sus púas como si estuviese jugando con ellas— Todos tenemos algo que deseamos salvar de cualquier peligro.
— No hay nada en este mundo que me haga querer salvarlo.
— Estoy muy segura que pronto lo encontrarás. —Lo observó de reojo— Y no habrá nada ni nadie que pueda tocarlo mientras tú lo protejas.
— La única persona a la que deseaba proteger murió frente a mis ojos por culpa de mi ineptitud.
Se sumergieron en un silencio pesado, cada uno inmerso en sus propios pensamientos hasta que la fémina volvió a abrir la boca.
— Estoy segura que ella lo lamenta —Sus ojos se cerraron un momento para sentir lo que estaba diciendo—, pero también estoy segura que no quiere verte solo.
— No sabes nada. —Se irguió separando su espalda del tronco de aquel árbol— No hables de algo que desconoces y nunca serás capaz de entender.
— Ella quiere verte sonreír, quiere que seas feliz.
Caminó dando fuertes pisadas alejándose rápidamente y dejando en claro su notoria molestia mientras la ajena seguía con la vista perdida en el cielo.
Rose estaba muy segura de sus palabras y algo muy dentro de ella le decía que debía ayudar al erizo azabache.
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