CAPITULO DOCE.

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Sintió que todo su cuerpo se sonrojó al escuchar aquello. Las firmes manos ajenas acariciaron sus caderas y se adentraron ágilmente por debajo del resorte de su pijama. Sabía que antemano que no iba a ser difícil para Isaac, sobre todo con toda la experiencia que tenía.

— Yo... Isaac...

Susurró, estaba de espaldas a la cama y corralito donde sus hermanos estaban, así que era imposible que pudiesen ver algo, ambos estaban perdidamente dormidos.

Pero Isaac no le respondió, siguió bajando, adentrándose por debajo de su ropa interior a aquel lugar que ningún otro hombre había explorado nunca, ni en sus más locos sueños. Comenzó explorando, acariciando con sus dedos, su entrepierna vibraba, se humedecía más con cada caricia.

— Dios, Al, estás muy mojada.

El susurro en su oído hizo que sus piernas temblaran y su cuerpo se estremeciera, la voz baja y ronca de Isaac era demasiado sensual y provocativa.

Sus dedos separaron sus pliegues, rosando su entrada con delicadeza y sin señales de querer hacer nada más que sólo eso, se sentía extasiada, quería más y más pero temía pedirlo. Aunque se mantuvo en silencio, se le fue dado, Isaac comenzó a frotar en círculos con la yema de su dedo medio, sus piernas temblaban y las apretaba, pero cada vez que lo hacía, un firme Isaac le ayudaba a separarlas y mantenerlas de esa forma.

Apretó la muñeca ajena, mordió un gemido mientras sentía cómo el placer se extendía desde la parte media de su cuerpo a todos los rincones y su humedad se extendía aún más.

Luchó por respirar, su corazón taladraba en su pecho.

***

Isaac le ayudó a voltearse de forma que pudiera verlo, aunque evitó verlo directamente a los ojos, este besó la cima de su cabeza.

— Por favor no me alejes después de esto —susurró Isaac.

Negó, a pesar de que no sabía cómo iba a manejar las cosas después de eso y con su mamá en el pueblo, sabía que no quería tener a Isaac lejos.

— Vamos a conocernos, ¿Sí?

***

Despertó a la mañana siguiente cuando escuchó pasos en la habitación. Isaac le daba el biberón a Lia, le había puesto a Thomas una de las películas que Frank le había regalado, su hermano estaba hecho bola en la cama, cubierto con las mantas, se veía mejor aunque aún se podía ver un poco enfermo.

— Buenos días —Isaac saludó, sonriendo.

Sintió que su rostro se puso rojo inmediatamente al recordar lo que había pasado la noche anterior.

— Buenos días.

El chico sonrió, se acercó a darle un corto beso.

— Ben vino hace unos minutos.

— ¿Todo bien?

— Sí, sólo quería ver si ya estabas lista, estaba a punto de despertarte.

Tomó un baño rápido y alistó a sus hermanos con la ayuda de Isaac, a pesar de lo que habían hecho, no se sentía incomoda alrededor ni él le hacía sentir de cualquier otra manera. Dejó a Thomas viendo la película mientras bajaba con Lia, Kelly se encontraba limpiando las mesas mientras Ben y Esteban estaban en la cocina.

— Buenos días Kelly —saludó, se sentía feliz, a pesar de todo.

— Buenos días, Al.

Notó que Kelly la saludó rápidamente evitando la mirada, podía ver a la chica decaída y pensó en su abuelo, ¿Sería que algo le hubiese sucedido?

A L I C EDonde viven las historias. Descúbrelo ahora