Aunque el tiempo nos separe cada vez más, siempre vas a ser mi único amor, porque amores como el nuestro son eternos.
Sólo te pido algo: RECUÉRDAME.
···
·Segunda parte de SHE IS MY MATE.
·Es NECESARIO haber leído la primera parte.
·Errores ortogr...
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SAVANNAH
— ¡Oh por Dios! — prácticamente chilló Marcus cuando vio a su hija cruzar el umbral de la mansión — Estas más grande.
— Papá, nos vimos para navidad, año nuevo, acción de gracias y todas las festividades — murmuró con pesadez su hija mientras era estrujada por su padre. Pía parecía hacerse la dura, pero en el fondo sabía que ella lo extrañaba de igual manera o aún más, lo sabía por las incontables llamadas que le hacía a Sam o a su nana para saber cómo iban las cosas.
— Eh, que para San Valentín no vinieron — repuso de forma acusadora fulminando a Rayder que aún se mantenía con las valijas en manos parado a un lado del automóvil.
Rayder era un chico de pocas palabras, en el año en el que llevaban conviviendo juntos y por ende viniendo a visitarnos él hablaba los justo y necesario, sonreía una vez por día y no se metía en las conversaciones triviales. Aun así se notaba el amor incondicional que le tenía a Pía, los había visto interactuando juntos y Rayder era mucho más atento y cariñoso de lo que podría imaginar. En cierta manera, el hijo de Maximus era lo más parecido a mí en muchos sentidos. Otra cosa que había notado era la cercanía que tenía con mi hija, ellos se llevaban demasiado bien y de a poco iban forzando un lazo de hermandad.
Sam fue la primera en correr hacia Rayder y envolver sus brazos en él luego de saludar a Pía, en ese momento pude volver a ver ese brillo cariñoso en los ojos de él, y por inercia sonreí. Samantha solía viajar un par de días a Inglaterra unas veces al año y se hospedaba en su casa, la verdad era que ella y Pía no podían mantenerse mucho tiempo alejadas.
— Es bueno verte aquí — murmuré llegando hasta Pía y su padre, que aún no la soltaba.
— No podía perderme esto — respondió sonriendo abiertamente y fijando su vista en su mate, que conversaba con su mejor amiga.
— Rayder — dije llegando hacia ellos —, ¿cómo soportas las incontables llamas entre esos dos? — bromeé.
— De la misma manera en que tú lo haces — respondió casi sonriendo.
— ¿Y cómo lo llevan? — preguntó Pía cuando todos ya estábamos sentados en la sala bebiendo café y comiendo panquecitos.
— Bien — musité tomando la mano de Marcus quien se encontraba sentado a mi lado, miré sus ojos verdes brillar de felicidad y sin remediarlo sonreí también.
— No se dejen engañar, se hace la dura pero por dentro muere de miedo — argumentó Marcus —. No deja de mirar si todo está en perfecto estado.
— Es una maniática del control — sentenció Sam.
— Eh, estoy aquí — murmuré sonriendo; iba a reprocharle pero el ruido en la segunda planta me desconcentró, rápidamente subí las escaleras y una maraña de pelo negro iluminó mi vista; caminaba a pasos lentos y torpes mientras refregaba uno de sus ojos con su manito, cuando sus hermosos ojos celestes dieron con los míos sonreí sin poder evitarlo alzando mis brazos. Simon se aferró a mi cuerpo y se escondió lo más que pudo en mi pecho. Marcus llegó rápidamente y sonrió acercándose hasta que llegar a mi lado, dejó un rápido beso en mis labios y luego acarició la cabeza de nuestro pequeño hijo.