6.

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Cole.

Mis padres ya se han ido a trabajar cuando bajo a la cocina, pero no me sorprende. Nunca los veo por la mañana, a veces ni siquiera por las noches. Suelen irse muy temprano y llegar muy tarde, no es algo que me importe demasiado tampoco, con el tiempo dejé de prestarle atención.

Las únicas que están en la cocina son la abuela y Cassie, quienes desayunan tranquilamente en la isla de cerámica que atraviesa la cocina.

Mi abuela levanta la mirada en mi dirección en cuanto cruzo el umbral. Sonríe abiertamente, como siempre.

—Buen día, jovencito —me dice desde su sitio, sirviéndose café pero con sus ojos sobre mí.

—Buenos días, abue —le respondo de la misma manera tomando asiento a su lado.

Ya mi desayuno está servido en la mesa. Son huevos y pan tostado.

— ¿Cómo dormiste? —Me pregunta.

—Bien, ¿y tú? ¿Ya estás mejor?

La noche anterior se acostó a dormir temprano por un malestar que sentía. Supuse que quizás se iba a resfriar, pero hoy no se ve enferma.

—Estoy bien, hoy tengo cita con el médico.

Suspiro con alivio, aunque igual me siento preocupado por ella. A su edad no me parece bien que esté enfermándose. Luego de eso, nos disponemos a desayunar en silencio, lo cual es extraño. La abuela y Cassie jamás desayunan en silencio. Siempre están platicando y molestándome, pero hoy mi hermana ni siquiera habla.

Las miro con el ceño fruncido.

— ¿Todo bien? —Inquiero.

Las dos intercambian una mirada.

—Tus padres tuvieron que ir a trabajar temprano. Hubo un problema con una entrega en el restaurante—comenta mi abuela con naturalidad ignorando por completo mi pregunta.

Frunzo más el ceño con confusión. Nunca menciona lo que mis padres hacen y menos cuando se trata del restaurante al menos que la situación lo requiera, sabe que me molesta.

—Espero logren resolverlo —musito sin quitar mi gesto de extrañeza.

—Yo también. Al parecer es grave y pasarán todo el día intentando solucionarlo —continúa ella lanzando un sonoro y falso suspiro.

La miro fijamente.

— ¿Algo que quieras decirme, abue? —Le pregunto.

Mi abuela comparte una mirada con Cassie, quien por cierto, sigue sin mencionar ni una sola palabra. Alterno la vista entre ambas con el entrecejo fruncido.

—Verás...

—Hoy hay una fiesta en casa de London —espeta la pequeña castaña con rapidez.

La miro solamente a ella que me corresponde la mirada con súplica. ¿Quién es London?

— ¿Y esa quién es? —Pregunto dejando el tenedor sobre la mesa.

—Una niña de mi clase. Es mi amiga y cumple nueve años hoy.

— ¿Y eso qué?

Cassie arruga la nariz.

—Hoy es su fiesta de cumpleaños y...

Mi abue suspira.

—Si tus padres están trabajando y yo tengo cita médica, no hay quien pueda llevarla —señala.

— ¿Y eso qué? —Repito sin entender.

—Tienes que llevarme tú, Cole —Cassie me mira sonriente.

Perdiendo el control | Andy Roth MarieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora