18.

331 42 6
                                        

Maratón 1/2.

Heather.

Siento que danzo sobre una especie de limbo. Mi cuerpo y mi mente no terminan de sincronizarse. Estoy como en otro planeta. En una galaxia lejana.

No soy consciente de nada a mi alrededor. Todo se resume en él.

Oh, mierda.

Cole está besándome. Me besa como si quisiera devorarme aquí mismo y yo ni siquiera puedo pensar con claridad cuando sus labios se mueven de esa forma sobre los míos.

Mi sentido común sigue de vacaciones y no parece tener intención alguna de volver.

Me concentro únicamente en la sensación que sus caricias me provocan. La forma en la que sus manos ascienden desde mi cintura hasta mi cuello y me sujeta con ambas manos, de una manera sutil, acercándome más a él. Como si sintiera la necesidad de sentirme más cerca.

Sé que debo separarme, poner un alto, detener todo. Pero no puedo hacerlo y en su lugar, intensifico más el beso poniéndome de puntillas para tener un mejor alcance, ya que es mucho más alto que yo y durante todo este tiempo su cuerpo ha estado inclinado hacia mí.

Mi vientre cosquillea al tiempo que tengo la necesidad de acercarme más, de hacer otra cosa más que besarlo.

Mi mente forma mil y un ideas de lo que podría hacer a continuación. Mi piel ansiosa quiere tocar más que la camiseta que lo cubre. Mis ansias aumentan y mis latidos se aceleran aún más. Mi cuerpo entero exige más caricias y estoy a punto de complacerlo. Pero, entonces, dos golpes en la puerta nos interrumpen.

Me quedo congelada, con la respiración acelerada, los labios hinchados y humedecidos. Apenas logro ser consciente de como Cole se separa levemente de mí, maldiciendo en voz baja. Yo, en cambio, mantengo los ojos cerrados... no puedo verlo. No después de lo que acabamos de hacer.

—Heather —la voz de Cassie se oye tras la puerta de madera. A pesar de que está llamándome a mí, no respondo, me quedo quieta, aún manteniendo mis ojos cerrados tratando de contar hasta diez para regular mi respiración—. ¿Están ahí?

Percibo como Cole se aclara la garganta al tiempo que se aleja de mí totalmente de mí... pero sigo sin abrir mis ojos.

— ¿Qué sucede? —Murmura. Noto el ligero el temblor en su tono de voz y como su respiración se agita con cada sílaba que pronuncia. Él también está agitado.

—Es que... tengo un regalo para Heather —responde su hermana al otro lado de la puerta.

La mirada de ambos cae con pesadez sobre mí. Maldigo para mis adentros armándome de valor para abrir los ojos. Lo hago y lo primero que veo es a él con los labios ligeramente hinchados, tal cual como los míos, un claro recordatorio de lo que acaba de suceder.

No me doy tiempo para asimilar nada, ni mucho menos le permito hablar. Le paso por un lado abriendo completamente la puerta de su habitación, encontrándome con la pequeña Cassie.

En cuanto me mira, extiende su brazo entregándome una hoja de papel. Me agacho para estar a su altura tomando el material. Noto de inmediato que se trata de un dibujo.

—Cole dijo que debíamos regalarte algo especial —mi pecho se agita con sus palabras—, pensé en que sería especial un dibujo.

Lo miro y una sonrisa se me escapa. Es un dibujo digno de una niña de ocho años.

Hay tres muñecos de palitos dibujado. Una casa en el fondo, un sol sonriente, un árbol y algo que parece ser una moto.

—Esta eres tú —señala en la hoja a la muñequita de vestido rosa en forma de triángulo e inconfundible cabello rubio—. Esta soy yo —luego, señala a la otra muñequita más pequeña que la anterior, y sé que es ella por las trenzas dibujadas—... y este es Cole —señala al muñeco que lleva unos pantalones marrones y una chaqueta graciosa—. Esta es su moto, y la casa que tendrán cuando se conviertan en marido y mujer, claramente.

Perdiendo el control | Andy Roth MarieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora