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27.

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Recordemos que la historia es un borrador.

***

Cole.

Los días han transcurrido de manera automática. Todo parece haber vuelto a la normalidad. Excepto para mí. Las personas a mi alrededor avanzan y yo me siento estancado en el mismo lugar que hace dos semanas. No he salido de casa, apenas he puesto un pie fuera de mi habitación los últimos días. Nadie parece notarlo. Ni siquiera creo que les importe.

Mi padre se encargó de explicarle la situación al director del colegio y quedaron en que no era necesario que presentara los exámenes finales, así que tampoco fui a clases. Es más, no creo asistir al baile o a la graduación.

Durante los últimos días muchas cosas han cambiado. Papá está más en casa ya que con la ausencia de la abuela alguien tiene que encargarse de Cassie y de mí, y de la casa. Mamá sigue igual, únicamente concentrada en su trabajo y, gracias al cielo, casi no la vemos. Lo malo de la situación es que mamá se ha empeñado en obligarnos a convivir como familia y ahora, de manera puntual, todos cenamos juntos en el comedor. Cassie apenas toca sus alimentos. Yo ni siquiera pruebo los míos y eso es un problema para mamá así que, siempre, en cada cena, discute con nosotros por cada mínima cosa.

—Cassandra, endereza la espalda —gruñe dedicándole una mirada de desaprobación a mi hermana menor.

No le hace caso. Ella apenas le presta atención a su plato.

—Estoy hablándote —le dice.

Mi hermana levanta la mirada.

—Estoy intentando comer.

—No respondas, jovencita. Eso es de mala educación.

—No está diciéndote nada —intervengo. No me gusta ver qué la regañen.

Ahora, mamá me mira con enfado a mi.

—Interrumpir conversaciones ajenas también es de mala educación, Cole.

—No es una conversación ajena. Estamos todos aquí —señalo.

—Contestarle a tu madre también es maleducado —masculla.

—No hablemos de maleducados porque tú te llevas la corona —respondo de mala gana.

—Cole, por favor —papá me mira, suplicante. Sé qué no quiere que empecemos una discusión ahora mismo.

— ¿Acaso he dicho una mentira? —Inquiero alzando las cejas.

Cassie se mantiene en silencio. Papá aprieta los labios y mi mamá me mira con los párpados muy abiertos.

—No pienso tolerar faltas de respeto en mi casa —sisea la mujer que me dió la vida negando con la cabeza.

Me río con amargura.

Últimamente, no he podido tolerar ninguna de sus actitudes.

La abuela era quien podía mantenerme al margen, pero ahora que no está sencillamente siento que ya no puedo con esto.

— ¿Vas a echarme entonces?

—Cole, por amor a Dios, guarda silencio —riñe mi progenitor.

Pero yo niego con la cabeza.

—Ella dice que está harta de soportar actitudes de mierda pero aquí la única que actúa así es ella y no es justo.

—Soy tu madre, Cole, ¡me debes respeto!

Vuelvo a echarme a reír sin gracia.

— ¿Así como tú le has guardado respeto a la abuela? Ni siquiera has llorado porque ha muerto.

Perdiendo el control | Andy Roth MarieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora