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13.

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Heather.

Estiro los brazos y las piernas removiéndome en mi sitio con comodidad. Abro los ojos y parpadeo un par de veces hasta adaptar mi vista a la iluminación.

Sin embargo, no puedo evitar fruncir el ceño con confusión cuando me topo con un techo que no es nada parecido al de mi habitación. Y, justo en ese momento, caigo en cuenta del horrible dolor de cabeza que me avasalla y la terrible sensación de sed, cómo si no hubiese bebido agua en años.

Inmediatamente, me incorporo sobre mi sitio con el corazón acelerado y los nervios a flor de pie. ¿Qué demonios pasó?

Recorro con la mirada toda la habitación, topándome con un mural con posters de superhéroes y un escritorio desordenado que reconozco de inmediato.

Oh, no.

No, no, no, no.

Dios, por favor, que no sea lo que estoy pensando.

Mi primer plan es salir huyendo, correr hasta el aeropuerto, comprarme un boleto a otro continente y cambiar de identidad para nunca tener que enfrentar esto. Sí, mi mejor opción siempre es irme del país.

Me pongo de pie de un golpe, mirándome de arriba abajo notando que lo único que llevo sobre el cuerpo es una camiseta negra que evidentemente no es mía, aunque huele bien, y un short del... ¿rayo McQueen? ¿En serio?

Paso saliva completamente asustada. Por favor, que no sea lo que creo. Que no sea lo que creo.

—Despertaste —una voz a mis espaldas me sobresalta.

Doy la vuelta para toparme con un Cole recién salido de la ducha. Tiene el cabello mojado, las gotas de agua se resbalan por su cuerpo y lo único que lo cubre es una toalla blanca alrededor de su cintura. Mi mirada cae sobre su abdomen pero la aparto tan rápido como puedo.

Trago grueso, otra vez.

— ¿Estás bien? —Frunce el ceño—. Estás pálida.

No puedo evitar parpadear como estúpida mientras intento convencerme que esto no es real. ¿Acaso es otro de esos sueños no aptos para todas las edades que he estado teniendo con Cole últimamente?

Pero, vale, nunca un sueño se ha sentido tan real.

El castaño no deja de mirarme con bastante preocupación, dando un paso en mi dirección.

—De acuerdo, si no me dices algo justo ahora, llamaré al doctor. No te ves bien.

Mi cerebro es un remolino de recuerdos inconclusos e indefinidos. No hay sentido. No encuentro ni los pies ni la cabeza.

Pero, ¿qué demonios pasó anoche?

Lo único que recuerdo es que salí de fiesta con Anne, quién desapareció con un chico como a las dos horas. Y luego, me encontré con Santi —sí, el imbécil con el que tuve una cita hace meses—, y luego... oh, rayos. Me sentía tan mal por lo de papá que solo quería olvidar y cuando Santi me dijo que sabía cómo ayudarme, yo solo acepte. Y comencé a meterme no sé qué mierda.

Miro a Cole con los ojos abiertos. Ya de allí no recuerdo nada más. Todo es borroso y raro.

—Heather —Cole intenta una última vez, pasando su mano frente a mí rostro, trayéndome de vuelta a la realidad.

—Oh, mierda —es lo único que sale de mis labios.

Su ceño se frunce aún más.

— ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? ¿Quieres que llame al doctor?

Perdiendo el control | Andy Roth MarieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora