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21.

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Aviso de ante mano que este capítulo no está editado.

***
Cole.

El lunes volvemos a casa por fin.

La abuela me recibe en la entrada principal de la casa cuando bajo del taxi. Me sonríe al tiempo que estira los brazos abiertamente en mi dirección. Cassie está a su lado y me mira fijamente.

—Bienvenido, cariño —acepto su abrazo. Me aprieta contra ella mientras deja un sonoro beso en la mejilla.

— ¿Me trajiste algo? —Cuestiona Cassie inmediatamente, ojeando el bolso que llevo sobre mi hombro.

Reposo mi mirada sobre ella.

—No fui de compras, Cassie.

—La gente cuando viaja trae regalos para sus familiares —puntualiza cruzándose de brazos.

—Cassie, no molestes a tu hermano —advierte mi abue.

—Solo quería un obsequio —masculla. Luego de un segundo, da la vuelta dirigiéndose a la sala de estar—. En esta vida no se puede contar con nadie.

Que dramática.

La dejamos ir mientras que nos aproximamos a la cocina. Muero de hambre. Nos levantamos temprano porque el bus salía a las ocho y no nos dió chance de desayunar. Es casi mediodía.

— ¿Me dirás cómo te fue o tengo que preguntar? —Inquiere la abuela, sentándose sobre el taburete que rodea la isla.

Comienzo a hurgar en la nevera buscando que comer. Consigo lasaña en un envase. Con eso me basta por ahora. La saco y me dirijo al mesón para calentarla en el microondas.

—Me fue bien —respondo, ocultando disimuladamente una sonrisa.

Decir bien se queda corto.

El viaje fue perfecto. El mejor que he tenido alrededor de mi vida.

Y me cuesta admitirlo, pero todo se debe a Heather.

Compartimos la cama las tres noches que estuvimos allá. Cada que podíamos pasábamos un momento juntos y cuando no, solíamos mirarnos de reojo y con eso era suficiente.

No sé que es lo que está sucediendo entre los dos con exactitud, pero nunca el coqueteo mutuo y la atracción que siento cuando está cerca me había gustado tanto.

—Tienes cara de que no solo te fue bien —señala mi abue, me conoce demasiado bien. En realidad, nos conoce bien tanto a Cassie como a mí. Al fin y al cabo, somos lo que somos gracias a ella.

—Digamos que me fue más que bien —me limito a responder. No tengo ganas de revelar demasiado.

Ella no necesita que hable de más tampoco. Con solo mirarme, ya puede deducir de que se trata.

— ¿Y cómo está Heather? ¿También la pasó bien? —Pregunta con un disimulo bastante obvio.

Me giro totalmente a ella.

—Supongo. Deberías preguntarle.

Me sonríe. Suelen decirme que me parezco a ella en la forma de sonreír. De hecho, me parezco mucho a mamá y mamá se parece mucho a la abuela. Es como una fotocopiadora. En cambio, Cassie tiene más similtud con mi padre.

—No es necesario que disimules. Cómo van las cosas, ya deberían ser novios.

El sonido del microondas interrumpe mi expresión sorpresiva.

Me giro para sacar el plato de lasaña negando con la cabeza.

—No es mi novia.

— ¿Por qué? Se ve que te gusta.

Perdiendo el control | Andy Roth MarieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora