23.

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Heather.

Me incorporo sobre el colchón de mi habitación procesando lo que ha pasado la noche anterior.

Barro el lugar con la mirada buscando a Cole pero no hay señal de él. Supongo que se ha ido para que mamá no descubra que se quedó a dormir. De todos modos, siento algo de decepción porque esperaba verlo por la mañana. Sin embargo, todo gramo de malestar se disuelve cuando recuerdo lo que hicimos anoche.

Me sonrojo aunque sé que nadie puede verme tapándome el rostro con las manos. Dios mío.

La realidad cae sobre mí y no sé si sentirme feliz o llorar por lo que he hecho. Estoy que estallo de emociones que no logro procesar del todo.

Me levanto de la cama. Estoy desnuda. Mi cuerpo se siente adolorido y cansado. Cada movimiento arde y ese es un claro recordatorio de todo lo que pasó anoche.

Me doy una ducha rápida para sacar el sudor de mi cuerpo y ya cuando estoy lista, me dirijo a la cocina.

Sin embargo, a mitad de camino me detengo. Su voz se cala por mis oídos y mi ceño se frunce notoriamente.

¿Qué demonios hace Cole aquí? ¿Ya no se había ido a su casa?

Entro a la cocina con el ceño hundido y una mirada de confusión. Cole está sentado a un lado de la isla y mamá frente a él, mientras charlan.

—Cariño, despertaste —sonríe.

Mi mirada se alterna entre ambos.

—Eh... sí.

Cole me observa en silencio, con una sonrisa en los labios difícil de disimular. Me dirijo al refrigerador y meto la cabeza buscando algo de agua, aunque mi intención principal es ocultar el sonrojo de mis mejillas.

—Cole te ha traído desayuno.

Me levanto muy rápido. No mido lo que estoy haciendo y termino golpeando la parte superior de mi cabeza con el techo del refrigerador.

— ¡Auch! —Chillo llevando mi mano a la zona lastimada.

— ¿Estás bien? —Cole se aproxima a dónde estoy. Me mira preocupado.

No sé si es su gesto o lo nerviosa que estoy, pero comienzo a reírme en voz baja.

—Sí, sí. Estoy bien —digo, sacando del refri la jarra de agua.

Él también comienza a reír. Entonces, añado:

— ¿Me trajiste el desayuno?

No le da tiempo de responder porque mi madre se le adelanta.

—Ha llegado hace media hora con empanadas y jugo de durazno para ti —suspira con exageración—. ¿No es divino?

—Mamá —la miro con advertencia.

— ¿Qué? Solo digo lo obvio.

—De acuerdo —me acerco al que se supone es mi desayuno. Dos empanadas reposan sobre un plato. Al instante, Cole acerca el envase de jugo de n mi dirección.

—Buen provecho.

—Gracias —le sonrío.

— ¿Dormiste bien? —Inquiere. La sangre se acumula en mis mejillas al tiempo que asiento.

—Fue una buena noche, ¿y tú?

Sonríe abiertamente.

—La mejor noche de mi vida.

Escondo mi rostro tras el envase de jugo mientras me doy cuenta que durante todo este rato mamá ha estado observando a un lado de nosotros.

—Que lindo —dice—. Siempre quise que mi hija tuviera un novio atento, romántico, encantador...

Perdiendo el control | Andy Roth MarieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora