Maratón final 1/2.
Cole.
Se supone que los cementerios son aterradores de noche. Es algo que he visto en todas las películas e incluso en los videojuegos de terror desde que soy niño.
Pero justo ahora, sentando frente a la tumba de mi abuela casi a medianoche, no me siento asustado, aunque debería porque la neblina de la noche da un panorama aterrador. Sin embargo, el silencio que reina el lugar se siente tranquilo, acogedor. Casi me recuerda a todas esas tardes que pasé con ella. Le gustaba el silencio y a mí me gustaba pasar tiempo a su lado.
Observo la lápida con el nombre de Cassandra Nelson. «Fue una excelente mujer» dice, sin embargo, eso no le hace justicia a quien realmente fue mi abuela.
Decir que fue una excelente mujer solo honra una parte de ella. La abuela no fue solo excelente, sino también valiente, fuerte y temeraria, y a la vez, cometía errores, como todo ser humano. Eso, supongo, la hacia ser auténtica, porque siempre trataba de arreglar cada error, siempre se esforzaba por enmendar sus fallas. De alguna forma, siempre sabía lo que tenía que hacer.
Exhalo con los labios entreabiertos acercándome para apartar algo de tierra que ha manchado la lápida. El viento sopla muy fuerte trayendo consigo el sucio que cubre las mayoría de las lápidas dentro de ese oscuro comentario. Imagino que durante el día personas vienen a limpiar, por más que los que estén aquí se han convertido en polvo, algún día fueron humanos, merecen algo de honor aún en su muerte.
Regreso la mirada al nombre que está tallado con caligrafía cursiva y perfecta en la lápida. Cassandra Nelson. Incluso su nombre irradiaba dulzura y cariño.
—Sería más fácil si estuvieras aquí, abue —hablo esperanzado de qué, en algún sitio lejano, este oyéndome.
No sé si eso sea posible. No sé si logra oírme debajo de toda esa tierra que la cubre. O si su espíritu está a mi lado rozando mi hombro, como aparece en las películas donde familiares mueren —como en El libro de la vida—. No sé si, en realidad, se ha ido al cielo y desde allá me observa y me escucha con una sonrisa en su rostro mientras niega con la cabeza por lo desesperado que estoy. O si, simplemente, ha desaparecido.
¿Es posible eso?
¿El alma es tan insignificante como para desaparecer luego de la muerte? Me niego a creerlo.
La idea de que Cassandra Nelson ha desaparecido para siempre es absurda. Algo tan magnífico como su alma no puede simplemente esfumarse.
—Dónde sea que estés, te extraño, abue —murmuro con los ojos llenos de lágrimas.
No me gusta llorar, hacerlo es de débiles y odio sentirme débil. Pero esto se escapa de mis manos. Cuando se trata de enfrentar su partida, siento que no puedo. Es demasiado para mí.
—Lo he jodido todo —murmuro mirando la lápida—. Mamá no está y Heather me odia, ¿y lo peor? Tiene motivos para hacerlo. Le he dado mil y un razones para que me odie —me río en voz baja—. Sé qué si estuvieras aquí me dirías que no es mi culpa, aunque ambos sabemos que sí pero tú apostarías por mi como siempre lo haces.
Casi puedo escuchar su voz sonando en mi cabeza. Me aferro a ese sonido porque me temo que si lo suelto, olvidaré su forma de hablar y pronunciar mi nombre. No quiero olvidarme de eso. Es lo único que me ata a ella.
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Perdiendo el control | Andy Roth Marie
Teen Fiction"A veces, el amor puede llegar a sanar, incluso los pedazos más rotos del corazón" *** Fecha de inicio: 24 de marzo del 2022. Fecha de finalización: 05 de mayo del 2022. *** Fecha de inicio versión #02: 07 de junio del año 2024.
