29.

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Heather.

Por un instante, todo es silencio. Soy consciente de que hay música a mi alrededor, de que todos aplauden y que poco a poco cada uno va olvidándose de nosotros y volviendo a sus asuntos.

Pero para mí, solo hay silencio. Un profundo y tormentoso silencio.

Y este silencio se vuelve más doloroso en cuanto me doy cuenta que tanto Anne como Jordan están totalmente inmóviles en sus sitios. Sus ojos están fijos en nosotros y sus expresiones se calan a través de mis ojos y hacen eco en mi mente, grabándose en ella.

Jordan parece confundido. Su ceño se hunde considerablemente.

Y Anne... ella luce decepcionada. Traicionada. Ni siquiera sé bien cómo describir su expresión. Parece una mezcla de todos los sentimientos negativos que se me pueden ocurrir en ese momento.

—Mierda —murmuro alejándome totalmente de Cole—. Mierda, mierda.

Doy un paso hacia ellos, pero ambos se dan la vuelta al instante y comienzan a caminar lejos de mí.

—Mierda —repito a punto de echarme a llorar.

Me voy detrás de ello acelerando los pasos. El corazón golpetea contra mis costillas, cada latido duele y está vez es por mi maldita culpa.

—Heather —me llama Cole—. ¡Heather, espera!

Pero lo ignoro totalmente. Soy consciente de que me sigue pero no me detengo hasta que logro salir del edificio y llego hasta el estacionamiento.

El aire frío me golpea el rostro, pero no es algo a lo que le preste atención. Visualizo a Anne caminar apresuradamente al auto de Jordan y al moreno seguirla a una distancia prudente.

— ¡Jordan, Anne! —Los llamo con la esperanza de que se detengan, pero solamente el moreno frena sus pasos y se gira para mirarme confundido.

Mi mejor amiga, en cambio, continúa su camino.

Así que me apresuro a pasar por delante de Jordan para intentar alcanzarla.

—Anne, por favor —pero no se detiene—. Espera. Déjame explicarte. ¡Anne, por favor, detente!

Se gira de golpe hacia mí. Su expresión es de enojo puro y me mira con tanta rabia que retrocedo dos pasos.

La manera en la que me mira se siente como mil dagas que me atraviesa el pecho provocando que la culpa y el sabor amargo de que la he cagado me oprima el corazón.

Justo ahora me doy demasiado.

— ¡¿Qué quieres?! —Me grita con rabia.

Agradezco que el estacionamiento este vacío y no haya nadie cerca para escucharnos.

—Sé qué estas molesta y lo entiendo, pero si me dejas explicarte...

— ¡¿Y qué vas a explicarme, Heather?! ¡¿Qué demonios es lo que quieres decirme?!

Está furiosa y no la culpo.

Merezco que me dedique esa expresión de odio. Merezco que me mire como si quisiera aniquilarme.

Mierda.

Sabía que en algún punto todos iban a enterarse de lo que había hecho, pero nunca me di la oportunidad de analizar lo que haría cuando eso sucediera. Ni siquiera fue algo a lo que le di importancia.

— ¡Lo que sucedió! ¡Puedo explicarte! ¡Te aseguro que hay una expl...!

—No —me interrumpe. Esta vez no grita pero se escucha rota. No sé qué es peor, honestamente. Prefiero que me grite a qué baje la mirada de esa forma, como si la he jodido.

Perdiendo el control | Andy Roth MarieHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora